Patas arriba

Hoy voy a ser alarmista, que suenen las sirenas, tocad las bocinas. Es la hora de la pataleta. Y no es para menos. Se aproxima una catástrofe planetaria, un apocalipsis. De nuevo nos amenaza el caos. De nuevo la humanidad ha metido la pata o, en este caso, la ha sacado del tiesto. Las últimas noticias informan al pie de la letra, de una epidemia desconocida que se extiende sin freno entre la población mundial. La cosa es que, de manera imprevisible, a la gente le están saliendo unos pies en el lugar de la cabeza. Dos pies con sus dedos, sus uñas y sus roñas, iguales que los de las extremidades inferiores. En el lugar donde debería estar el cuello hay pantorrillas y tobillos. Donde estaba el cerebro ahora hay un talón de Aquiles. Por la noche los afectados se acuestan con la cabeza en su sitio y a la mañana siguiente se despiertan descabezados, con otro par de pies bien calados entre los hombros. Ya no saben donde está la cabecera o los pies de la cama, donde arriba o abajo. En ocasiones el cambiazo se produce durante el tiempo de echar una breve cabezada. Está claro que ya no nos podemos dormir.

La comunidad científica internacional está desconcertada, no da pie con bola. Andan con el pie cambiado. De momento no se ponen de acuerdo ni en el nombre de la enfermedad. Unos apuestan por "podocefalia" otros por "cefalopodia". En la calle la gente de a pie, a los infectados, les llama "testapies" o "patatiestos". Las autoridades sanitarias están en pie de guerra, reclaman extremar las medidas de higiene. Advierten de que el fenómeno es espontáneo, que no se contagia. El asunto no parece tener ni pies ni cabeza, o peor, más pies que cabezas. Nadie sabe con seguridad por qué se produce, ni cómo, aunque existen fundadas sospechas de que los neoliberales andan detrás del asunto. Todos sabemos de que pie cojean.

La situación es tan absurda como desesperada y ha dado pie a graves consecuencias. Entre ellas, la estupidez generalizada. Donde antes se hablaba, ahora se cocea y se patalea. Donde antes se razonaba, ahora se hacen las cosas con los pies. Las ciudades y los campos se han llenado de esos extraños animalejos de cuatro patas sin mollera ni sesera, que se chocan unos con otros. Andan de cabeza o a cuatro pies y dos manos, a empujones, dándose continuos pisotones, trepándose unos a otros. Los hay que se levantan cada mañana con el pie izquierdo o, peor aún, con el derecho. Donde antes se hacia pie ahora se ahogan. Todos los recién nacidos vienen con los pies por delante. Es un constante meter la pata. Algunos, en lugar de pies tienen pezuñas, patas de palo o garras. A unos pocos les ha salido un pene. Por todas partes se extiende un tufo maloliente, mezcla de olor a sacristía, internado, gimnasio y cuartel militar.

Los fabricantes de calzado han multiplicado sus beneficios, los precios de los zapatos se han disparado. Y los de las medias, calcetines, calientapiernas, lacas de uñas, fungicidas y ambientadores. La industria de las tecnologías electrónicas ha lanzado al mercado una amplia gama de teclados con más teclas y mandos a distancia con más botones para sus nuevos clientes de treinta dedos. El eslogan de su campaña de marketing dice: «compro mucho porque yo no soy cojo». Por contra han caido las ventas de champú, sombreros y aspirinas. El hecho es, sin embargo, que la gran mayoría de la población va descalza, tan solo unos cuantos privilegiados se pavonean con regios calzados y ampulosas zapatillas. Ante tamaño desatino los únicos que están contentos son los fetichistas, los podófilos y los pedicuros. Y los futboleros, claro, que piensan alargar la duración de los partidos y jugar con dos balones. Por doquier, han aparecido callos, durezas, verrugas, quistes, juanetes y hongos, como setas. Los psicólogos en la mayoría de los casos trabajan de podólogos y los zapateros remendones, con urgencia, estudian psiquiatría. Los peluqueros se suicidan en masa.

El mundo que conocemos, en fin, está patas arriba. Mi recomendación en este caso es clara, hay que poner pies en polvorosa, buscar otro planeta y salir de este por patas. Da igual si nos llaman cobardes, correr sin mirar atrás, pies para qué os quiero. Volver a empezar de nuevo con pies de plomo, cuidando de que el primer paso no sea con la plantilla equivocada.

Este es un blog de poemas, pero para despistados. Si has caído aquí será porque ibas mirando las estrellas o las musarañas. Por despiste este blog está escrito en el idioma de otra galaxia. Y es que métrica aquí hay poca. En realidad es prosa de párrafos breves lo que hay. Suspiros, aullidos y algún jadeo. Son cincuenta años de palabras que se me han clavado como los pinchos de una chumbera y su picor me desespera. Palabras desencadenadas, enlazadas, entrecruzadas, hasta inventadas. Este blog es una acción que no sigue lo que es correcto, acertado o verdadero. Un error.
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