Jugar y olvidar.
Con un juguete roto aún se puede jugar,
con uno olvidado no juega nadie.
Perdida la llave del baúl
bajo la oscuridad del polvo
el color se ha vuelto polvoriento.
Ya no sube nadie a trastear al desván.
Los niños crecen,
es un defecto que padecen.
Que infancia tan breve
para tan eterno invierno.
Jugar y perder.
Se pierde su recuerdo,
no se retiene en la memoria,
ni en ningún sitio.
Se desatiende el afecto,
se descuida el cariño,
se deja de sentir interés.
Memoria cachivache caprichoso.
Cambian las instrucciones,
se abandonan las muñecas,
desaparecen los jugadores.
No se tiene presente
que el presente no se detiene.
Continúa el juego favorito del universo
con sus juguetes rotos.
<><><><><><><><><><><><><> Toda poesía es un error del sistema <><><><><><><><><><><><><>
Una deuda una vida
Dar y quitar.
Lo que hay que averiguar cuando alguien se quita la vida es a quien se la da.
La mujer que, el mismo día en que la iban a desahuciar, se arrojó al vacío desde su piso en la quinta planta de un edificio de viviendas humildes en un barrio de la capital, ¿se quitó la vida o se la dio al quien le reclamaba el pago de su deuda por el alquiler?.
Murió el día 26 de noviembre. Era lunes. No había desayunado, por la noche apenas había dormido. Estaba esperando, tan solo esperaba. Los avisos de desahucio se acumulaban en un cajón. A las 11 de la mañana llamaron a a su puerta. Eran los agentes de la policía municipal acompañando al funcionario del juzgado. Ella ya lo sabia. En lugar de abrir la puerta fue hacia el balcón, vaciló un instante, se encaramó como pudo a la barandilla y sin mirar hacia abajo, cerró los ojos y se soltó. Tras la puerta seguían los timbrazos y las voces imperativas.
Se llamaba Alicia, tenía 65 años, era divorciada y tenia un hijo, aunque vivía sola desde hacia seis años.
Su hogar estaba en una propiedad de la empresa Apartamentos Galileo. Un discreto estudio de pocos metros, que está en un edificio de la calle Ramiro II, en el barrio de Chamberí de Madrid. Hoy es el hogar de otra persona. Los alquileres en Madrid, ya se sabe ...
"Una mujer de 65 años se suicida en Madrid cuando iba a ser desahuciada". El País, Madrid 27 NOV 2018.
Lo que hay que averiguar cuando alguien se quita la vida es a quien se la da.
La mujer que, el mismo día en que la iban a desahuciar, se arrojó al vacío desde su piso en la quinta planta de un edificio de viviendas humildes en un barrio de la capital, ¿se quitó la vida o se la dio al quien le reclamaba el pago de su deuda por el alquiler?.
Murió el día 26 de noviembre. Era lunes. No había desayunado, por la noche apenas había dormido. Estaba esperando, tan solo esperaba. Los avisos de desahucio se acumulaban en un cajón. A las 11 de la mañana llamaron a a su puerta. Eran los agentes de la policía municipal acompañando al funcionario del juzgado. Ella ya lo sabia. En lugar de abrir la puerta fue hacia el balcón, vaciló un instante, se encaramó como pudo a la barandilla y sin mirar hacia abajo, cerró los ojos y se soltó. Tras la puerta seguían los timbrazos y las voces imperativas.
Se llamaba Alicia, tenía 65 años, era divorciada y tenia un hijo, aunque vivía sola desde hacia seis años.
Su hogar estaba en una propiedad de la empresa Apartamentos Galileo. Un discreto estudio de pocos metros, que está en un edificio de la calle Ramiro II, en el barrio de Chamberí de Madrid. Hoy es el hogar de otra persona. Los alquileres en Madrid, ya se sabe ...
"Una mujer de 65 años se suicida en Madrid cuando iba a ser desahuciada". El País, Madrid 27 NOV 2018.
La aritmética de las mentiras y las verdades
Presta atención
calcula cuanto sabes
te cuentan dos
se callan tres
intuyes alguna
suman cinco
se resta una
quedan cuatro mal contadas
se las llevan todas
multiplicadas por miles
a dividir entre pocos
se pierde la cuenta
por mucho que sepas
de todo lo que te cuenten
nunca lo podrás contar todo
es la aritmética de las mentiras
donde nunca se añaden verdades
calcula cuanto sabes
te cuentan dos
se callan tres
intuyes alguna
suman cinco
se resta una
quedan cuatro mal contadas
se las llevan todas
multiplicadas por miles
a dividir entre pocos
se pierde la cuenta
por mucho que sepas
de todo lo que te cuenten
nunca lo podrás contar todo
es la aritmética de las mentiras
donde nunca se añaden verdades
Pobres
La gente pobre no quiere ser pobre gente.
Pena, la que dan
aquellos que no saben quienes son.
La pobreza es la única condición
que puede salvar este planeta.
La dignidad es el único poder
de los desposeídos.
La gente pobre no quiere ser pobre gente.
Solo el orgullo mal entendido
reniega de la propia situación.
El millonario que todo lo puede
se engaña comprando bienestar
porque no cree que la vida buena
sea la vida más barata.
La gente pobre no quiere ser pobre gente.
Por qué pasar hambre donde hay comida,
enfermar entre remedios,
cultivarse en la ignorancia.
La miseria no es solo material.
Ser pobre no es lo mejor,
pero tampoco es motivo de burla.
La gente pobre no quiere ser pobre gente.
La escasez no es una desgracia
ni la sordidez necesidad.
Si es imposible compartir la riqueza
lo que habrá que repartir es la pobreza
No hay mundos para cada uno,
solo un mundo para todos.
Pena, la que dan
aquellos que no saben quienes son.
La pobreza es la única condición
que puede salvar este planeta.
La dignidad es el único poder
de los desposeídos.
La gente pobre no quiere ser pobre gente.
Solo el orgullo mal entendido
reniega de la propia situación.
El millonario que todo lo puede
se engaña comprando bienestar
porque no cree que la vida buena
sea la vida más barata.
La gente pobre no quiere ser pobre gente.
Por qué pasar hambre donde hay comida,
enfermar entre remedios,
cultivarse en la ignorancia.
La miseria no es solo material.
Ser pobre no es lo mejor,
pero tampoco es motivo de burla.
La gente pobre no quiere ser pobre gente.
La escasez no es una desgracia
ni la sordidez necesidad.
Si es imposible compartir la riqueza
lo que habrá que repartir es la pobreza
No hay mundos para cada uno,
solo un mundo para todos.
Las armas no son escudos
El conflicto es el dialogo de los violentos
la metáfora de los amantes despechados
la intensa contienda de los iracundos
con bombas por palabras
con tinta de sangre
sus obras son nuestros cadáveres.
Pese a las mentiras de los belicosos
los ataques no nos protegen
ni las armas son defensivas
ni los humanos son escudos,
guerra no la hay preventiva
ni cruzada humanitaria,
cada escudo es una diana,
cada cañón una infamia,
la mejor defensa es la que no es necesaria.
No hay coraza que nos proteja
de la estupidez ofensiva
que arroja sus muros
contra los inocentes.
la metáfora de los amantes despechados
la intensa contienda de los iracundos
con bombas por palabras
con tinta de sangre
sus obras son nuestros cadáveres.
Pese a las mentiras de los belicosos
los ataques no nos protegen
ni las armas son defensivas
ni los humanos son escudos,
guerra no la hay preventiva
ni cruzada humanitaria,
cada escudo es una diana,
cada cañón una infamia,
la mejor defensa es la que no es necesaria.
No hay coraza que nos proteja
de la estupidez ofensiva
que arroja sus muros
contra los inocentes.
Lágrimas de juventud
Contigo se marcharon todas mis lágrimas.
Desde entonces soy un discapacitado de las tristezas.
Tú fuiste el sumidero de mis lamentos.
Sentí tanto el perderte como sentí al encontrarte.
Por ti se rompió la presa, para ti lo lloré todo.
Con tanto lloriqueo hasta se me atrofió el lacrimal.
Se me vacíó el lago y se me cuarteó el fondo.
Tengo seca la pena, lo cual no es ninguna verbena.
Mis amores son de colirios, en vez de ser de colores.
Ya no se mojan mis ojos, ya no les germinan semillas.
No me queda ni una gota donde navegue la ilusión.
Vivo de raros chaparrones como las flores del desierto.
Desde entonces soy un discapacitado de las tristezas.
Tú fuiste el sumidero de mis lamentos.
Sentí tanto el perderte como sentí al encontrarte.
Por ti se rompió la presa, para ti lo lloré todo.
Con tanto lloriqueo hasta se me atrofió el lacrimal.
Se me vacíó el lago y se me cuarteó el fondo.
Tengo seca la pena, lo cual no es ninguna verbena.
Mis amores son de colirios, en vez de ser de colores.
Ya no se mojan mis ojos, ya no les germinan semillas.
No me queda ni una gota donde navegue la ilusión.
Vivo de raros chaparrones como las flores del desierto.
Respuestas
Categóricas, relativas, breves, violentas,
bordes, concluyentes, difíciles, ingeniosas,
involuntarias, negativas, ocurrentes, originales,
claves, vacilonas, ensayadas, incompletas,
evasivas, agresivas, vegetativas, calladas ...
Proyectil arrojadizo o piedra angular,
todas pueden ser verdaderas o falsas,
mientras que las preguntas son solo dudas.
Con la mayéutica Sócrates recomendó
las que se responden al preguntarse.
Pero la iglesia prefirió a Platón
y la ciencia a Aristóteles,
porque las suyas eran tan útiles como fáciles
y lo explicaron todo durante siglos.
Tanto duraron que llegaron hasta ayer
aunque mucho no lograron aclarar,
pues dar respuestas no es responder.
La gente las necesita
y el que dice conocerlas
sabe que controlará a la gente.
Por eso el poderoso se las inventa.
La contestación no se tolera
allí donde esta todo contestado.
Donde la honestidad de la virgen
y los milagros de los santos
no se cuestionaban,
hoy creemos en ForoCoches
y en San Google.
Donde se fiaba de los políticos,
ahora gobierna Twitter.
Las tertulias del café
son las rajadas de Facebook.
Las sobremesas transcurren en el WhatsApp.
Las clases magistrales se imparten desde Youtube.
El álbum de fotos se guarda en Instagram.
En los tiempos
en que hemos cambiado
la pluma por el dedo,
el papel por el cristal,
la tinta por la electricidad,
la paciencia por la informática,
la gramática por la velocidad,
con las prisas,
la mitad de los interrogantes
se han caído de sus frases.
Hemos sustituido
la búsqueda por el buscador,
el encuentro por el encontronazo,
el hallazgo por el hartazgo,
la información por la intoxicación,
la comunicación por la banalización.
Tenemos todas las respuestas,
hemos olvidado las preguntas.
bordes, concluyentes, difíciles, ingeniosas,
involuntarias, negativas, ocurrentes, originales,
claves, vacilonas, ensayadas, incompletas,
evasivas, agresivas, vegetativas, calladas ...
Proyectil arrojadizo o piedra angular,
todas pueden ser verdaderas o falsas,
mientras que las preguntas son solo dudas.
Con la mayéutica Sócrates recomendó
las que se responden al preguntarse.
Pero la iglesia prefirió a Platón
y la ciencia a Aristóteles,
porque las suyas eran tan útiles como fáciles
y lo explicaron todo durante siglos.
Tanto duraron que llegaron hasta ayer
aunque mucho no lograron aclarar,
pues dar respuestas no es responder.
La gente las necesita
y el que dice conocerlas
sabe que controlará a la gente.
Por eso el poderoso se las inventa.
La contestación no se tolera
allí donde esta todo contestado.
Donde la honestidad de la virgen
y los milagros de los santos
no se cuestionaban,
hoy creemos en ForoCoches
y en San Google.
Donde se fiaba de los políticos,
ahora gobierna Twitter.
Las tertulias del café
son las rajadas de Facebook.
Las sobremesas transcurren en el WhatsApp.
Las clases magistrales se imparten desde Youtube.
El álbum de fotos se guarda en Instagram.
En los tiempos
en que hemos cambiado
la pluma por el dedo,
el papel por el cristal,
la tinta por la electricidad,
la paciencia por la informática,
la gramática por la velocidad,
con las prisas,
la mitad de los interrogantes
se han caído de sus frases.
Hemos sustituido
la búsqueda por el buscador,
el encuentro por el encontronazo,
el hallazgo por el hartazgo,
la información por la intoxicación,
la comunicación por la banalización.
Tenemos todas las respuestas,
hemos olvidado las preguntas.
Preguntar
Cuando compras pescado no lo pescas,
poco caminas cuando te caminan.
Tú interroga a todos los que inventan,
sin la duda no sirven sus respuestas.
Muchas respuestas son siempre preguntas.
Cada efecto una causa nueva,
toda síntesis la tesis renueva.
Lo importante es saber que buscas.
A menudo intentarán engañarte,
si das verdadero por respondido,
contradice antes de conformarte,
intenta no dar nada por sabido.
Mientras aprendes a interpelarte,
dejarás lo que no sea debatido.
poco caminas cuando te caminan.
Tú interroga a todos los que inventan,
sin la duda no sirven sus respuestas.
Muchas respuestas son siempre preguntas.
Cada efecto una causa nueva,
toda síntesis la tesis renueva.
Lo importante es saber que buscas.
A menudo intentarán engañarte,
si das verdadero por respondido,
contradice antes de conformarte,
intenta no dar nada por sabido.
Mientras aprendes a interpelarte,
dejarás lo que no sea debatido.
Poesía tras la muerte
La vida seguirá
tras la muerte
serán más oscuros
mis poemas
escritos con ceniza
polvo
tierra
arena
leídos en pétalos
briznas
plumas
insectos
olvidados con lluvia
viento
sol
mar
y muerte
La vida seguirá ...
tras la muerte
serán más oscuros
mis poemas
escritos con ceniza
polvo
tierra
arena
leídos en pétalos
briznas
plumas
insectos
olvidados con lluvia
viento
sol
mar
y muerte
La vida seguirá ...
Respeto
Son dos ideas enfrentadas
refugiadas tras una misma palabra
Una discute de obediencias
la otra dice tolerancia
Una habla de miedo
la otra trata del cuidado
Para mi la disputa está resuelta
sin necesidad de acudir al juzgado
El respeto no se exige
se merece
No hay dios
ni rey
ni bandera
que me someta
Toda imposición
es una falta de consideración
que desmerece a quien la comete
De quien no tiene miramientos
no puedo acatar la ley
Tampoco me permito obedecer
a quien no tiene mi admiración
Ni puedo ser cortés
con quien hace lo que quiere
sin poner en donde pisa
la mínima atención
Mis respetos se los presento a
una puta
un indigente
un inmigrante
un loco
o una poetisa
que no serán más dignos de recato
que un monarca
una jueza
un sacerdote
o un soldado
si consiguen mi atención
por medio de la fuerza
del temor y del maltrato
La deferencia la tengo
por la vida que da la vida
De quien vive de la muerte
me prevengo
Prefiero la honradez al honor
El atrevimiento al decoro
La desvergüenza a la honra
Consentir a conservar
Comprender a demostrar
Faltar a granjear
El desacato a la desatención
Blasfemar antes que contemporizar
La desobediencia mejor que la autoridad
Y que cada uno campe por sus respetos
sin recelo ni aprensión
en busca de lo que de verdad se merece
refugiadas tras una misma palabra
Una discute de obediencias
la otra dice tolerancia
Una habla de miedo
la otra trata del cuidado
Para mi la disputa está resuelta
sin necesidad de acudir al juzgado
El respeto no se exige
se merece
No hay dios
ni rey
ni bandera
que me someta
Toda imposición
es una falta de consideración
que desmerece a quien la comete
De quien no tiene miramientos
no puedo acatar la ley
Tampoco me permito obedecer
a quien no tiene mi admiración
Ni puedo ser cortés
con quien hace lo que quiere
sin poner en donde pisa
la mínima atención
Mis respetos se los presento a
una puta
un indigente
un inmigrante
un loco
o una poetisa
que no serán más dignos de recato
que un monarca
una jueza
un sacerdote
o un soldado
si consiguen mi atención
por medio de la fuerza
del temor y del maltrato
La deferencia la tengo
por la vida que da la vida
De quien vive de la muerte
me prevengo
Prefiero la honradez al honor
El atrevimiento al decoro
La desvergüenza a la honra
Consentir a conservar
Comprender a demostrar
Faltar a granjear
El desacato a la desatención
Blasfemar antes que contemporizar
La desobediencia mejor que la autoridad
Y que cada uno campe por sus respetos
sin recelo ni aprensión
en busca de lo que de verdad se merece
Acallar
Al pensarlo, muy pronto averiguas
que las ideas no se pueden silenciar.
La libertad a nadie puede dañar
y clama con la fuerza de las aguas.
El que se dedica a cortar lenguas
para así no tener que escuchar,
cree que los mudos no pueden hablar,
que callando, el ruido amortiguas.
No teme lo que uno pueda decir,
le duele la opinión de miles,
ya sabe que no le va a convenir.
Si no soporta mensajes hostiles
con tapones le basta para no oír,
¿para qué casquerías caciquiles?.
que las ideas no se pueden silenciar.
La libertad a nadie puede dañar
y clama con la fuerza de las aguas.
El que se dedica a cortar lenguas
para así no tener que escuchar,
cree que los mudos no pueden hablar,
que callando, el ruido amortiguas.
No teme lo que uno pueda decir,
le duele la opinión de miles,
ya sabe que no le va a convenir.
Si no soporta mensajes hostiles
con tapones le basta para no oír,
¿para qué casquerías caciquiles?.
Gilipollas hasta en la sopa
Un anciano estaba cenando en su casa, mientras murmuraba improperios contra todo lo sagrado. Se sentía tan malhumorado como cansado. No había tenido un día agradable, ni siquiera un día fácil. Su mujer le dijo de pronto, interrumpiendo sus gruñidos: "¿es que no vas ha dejar de refunfuñar nunca?".
Ese día el anciano había salido de casa por la mañana y justo al cruzar el portal, a sus pies, en el suelo, se encontró con los envoltorios usados de un menú completo de comida rápida para varias personas: las bolsas de papel, la bandejas de cartón, los vasos de refresco, las pajitas, los recipientes de las salsas, las servilletas manchadas y unas cuantas patatas fritas desechadas, todo esparcido con alegría. Muy cerca, había también algunas botellas de cerveza, una de vodka vacía, un vaso de tubo lleno de un liquido amarillento en el quicio de una ventana y el abundante contenido de un cenicero, quizá el de un coche, volcado sin miramientos. Para poder acceder a la calzada y cruzar la calle tuvo que dar un rodeo de tres vehículos, aparcados demasiado juntos. Un poco más lejos, en el suelo entre dos coches, había ¡una compresa!, parecía un animal muerto, pero era una compresa. En toda la calle se respiraba un penetrante olor a orines. Al menos no hay jeringuillas ni cacas de perro, se dijo. La explicación de semejante despliegue de inmundicias estaba en la noche anterior. Eran las fiestas del barrio y hubo botellón hasta la madrugada. Él mismo, alrededor de las cuatro se vio obligado asomarse a la ventana y pedirles con amabilidad, conteniendo la rabia, a un ruidoso grupo de chavales que se fuesen a un descampado cercano porque no les dejaban descansar.
Al llegar a la plaza, junto a la oficina bancaria, bajó de la acera para poder avanzar, porque un numeroso grupo de personas la bloqueaba. Estaban esperando su turno para entrar en el chiringuito de las loterías a comprobar si su boleto tenia premio y, en vista de que no, comprar otro para tentar de nuevo la suerte. En ese momento, una furgoneta que circulaba demasiado rápido le sobresaltó, haciendo sonar el claxon, mientras le pasaba rozando el hombro. Pudo oír como el conductor le insultaba antes de detenerse frente al semáforo rojo, pocos metros más allá.
En el banco había cola en el cajero automático y ante el mostrador el cajero humano. Tenía que presentarse periódicamente para que la autoridades comprobasen por medio de la corroboración de los empleados del banco, que seguía con vida y que no le estaban pagando su pensión a algún aprovechado. Esperó durante unos veinte minutos mientras veía irritarse a los clientes más impacientes. Todos murmuraban entre dientes pero cundo les llegaba el turno no se quejaban ni pedían ninguna hoja de reclamación. Pensó en la reverencia eclesial que imponía la banca del dios dinero a sus feligreses.
Camino del supermercado chocó con un joven que iba mirando el móvil y casi lo tira al suelo. "Mira por donde vas, abuelo" le dijo como propina el airado muchacho. En el súper compró cebollas y, de paso, miró con deseo y añoranza la estantería de los vinos. Con su pensión no se podía permitir caprichos. Esperando para pagar, una señora que debía tener mucha prisa, se le coló sin reparos, explicaciones ni disculpas. Al mismo tiempo, la que esperaba detrás, le embistió con el carro y con un "perdón" qué más parecía una amenaza que una disculpa. En la panadería no se cabía y en el trasiego de entrar y salir alguien le clavó un codo entre las costillas y además le propinaron un buen pisotón. Nadie parecía darse cuenta de los demás.
En el camino de vuelta a casa se encontró con la vecina que, otra vez, se quejó de lo mucho que le molestaban las ramas del árbol de su jardín trasero e insistió en exigirle que las cortara. Aquella mujer, neurótica de la limpieza se quejaba de que las hojas caídas del único árbol, el único ser orgánico de todos los patios interiores de la manzana de viviendas, ratas y vecinos aparte, le ensuciaban las baldosas.
Al entrar en su edificio, después del reglamentario rodeo de vehículos y de basuras, le esperaba la factura de la luz que el cartero dejaba en un montón por no molestarse en distribuir las cartas entre los buzones. Pagaba casi un diez por ciento de lo que cobraba de la seguridad social, a la compañía eléctrica. Lo cual, unido al alquiler y los demás gastos mensuales, lo dejaba cada principio de mes en números rojos. A estas alturas ya se sentía muy fatigado, por suerte vivía en la planta baja porque el ascensor siempre estaba roto. Algún gracioso se dedicaba a boicotearlo pulsando todos los botones a la vez y los técnicos cada vez ponían menos interés en repararlo y más ceros en la factura de la comunidad.
Después de atender, durante la hora de la siesta, las llamadas de un vendedor de seguros de decesos, y la de una operadora de telefonía de la competencia, y después de negarles de la manera más humanitaria posible la entrada a una pegajosa pareja de testigos de Jehová, ya avanzada la tarde, se sentó en el sillón a leer la prensa. El panorama que presentaban las noticias no era nada halagüeño. Los fascistas han vuelto al poder pasados cuarenta años de una transición ilusoria. Los mismos fascistas contra los que luchó su padre. La izquierda que se supone que debe ofrecer una alternativa, está más dividida que nunca. En realidad, pensó, el fascismo nunca había salido del poder, solo había maquillado su discurso y la izquierda nunca se había unido. Así que la noticia era que no hay noticia. Pero centenares de miles de personas de la región con mayor numero de habitantes del país le habían dado su voto a un partido de ultraderecha, fundamentalista católico, contrario al aborto, partidario de restaurar la pena de muerte, defensor de la monarquía y de la centralización del poder, racista, machista y homófono.
Dos páginas adelante, leyó con sorpresa que el banco donde había estado por la mañana tenia prevista una reducción drástica de su plantilla y pensó que si con el actual tardaban veinte minutos en atender, con la mitad del personal pasaría toda la mañana esperando en el banco. Y que encima, a los clientes se les alecciona para que hagan desde los automáticos y desde sus teléfonos móviles el trabajo de los cajeros que van a despedir. Por supuesto, sin dejar de cobrarles las comisiones. Los clientes se ponen la gasolina en las gasolineras, recogen sus mesas en los restaurantes, se reservan los vuelos y se sacan sus tarjetas de embarque y pagan por ello. Los usuarios de la administración pública realizan los tramites para pagar sus propios impuestos, se recaudan a si mismos. Los becarios trabajan gratis a tiempo completo. Los autónomos se creen empresarios. Y al final de la vida de trabajo las pensiones no alcanzan ni para comer. Esa es la reforma laboral que el engaño de la crisis ha traído, se dijo.
Ver televisión no mejoró las cosas. Programas en los que se humilla a los concursantes y al público asistente. Chismorreos e intimidades de personajes intrascendentes ventilados a gritos. Políticos corruptos y mentirosos, en campaña electoral permanente, haciendo declaraciones en tertulias de periodistas sin escrúpulos o de cómicos sin gracia. Y todo, siempre con las máximas audiencias, bien salpicado de publicidad engañosa. Hastiado, pensó que en la televisión la moral es puro comercio.
A la hora de cenar la indignación del anciano desbordaba sus límites. Cuando su mujer le preguntó si dejaría alguna vez de refunfuñar, por un momento pensó en contarle los acontecimientos que había vivido a lo largo de la jornada, pero le dio una terrible pereza. De pronto tuvo una visión. Se imaginó el cielo cubierto de imbéciles volando que no le dejaban ver el sol, ni respirar, hasta que, de golpe, cayeron todos en su plato. Miró su sopa con tristeza, luego miró a su mujer con determinación y dijo: "dejaré de refunfuñar cuando deje de encontrar gilipollas en la sopa".
"O sea, nunca", murmuró ella.
Ese día el anciano había salido de casa por la mañana y justo al cruzar el portal, a sus pies, en el suelo, se encontró con los envoltorios usados de un menú completo de comida rápida para varias personas: las bolsas de papel, la bandejas de cartón, los vasos de refresco, las pajitas, los recipientes de las salsas, las servilletas manchadas y unas cuantas patatas fritas desechadas, todo esparcido con alegría. Muy cerca, había también algunas botellas de cerveza, una de vodka vacía, un vaso de tubo lleno de un liquido amarillento en el quicio de una ventana y el abundante contenido de un cenicero, quizá el de un coche, volcado sin miramientos. Para poder acceder a la calzada y cruzar la calle tuvo que dar un rodeo de tres vehículos, aparcados demasiado juntos. Un poco más lejos, en el suelo entre dos coches, había ¡una compresa!, parecía un animal muerto, pero era una compresa. En toda la calle se respiraba un penetrante olor a orines. Al menos no hay jeringuillas ni cacas de perro, se dijo. La explicación de semejante despliegue de inmundicias estaba en la noche anterior. Eran las fiestas del barrio y hubo botellón hasta la madrugada. Él mismo, alrededor de las cuatro se vio obligado asomarse a la ventana y pedirles con amabilidad, conteniendo la rabia, a un ruidoso grupo de chavales que se fuesen a un descampado cercano porque no les dejaban descansar.
Al llegar a la plaza, junto a la oficina bancaria, bajó de la acera para poder avanzar, porque un numeroso grupo de personas la bloqueaba. Estaban esperando su turno para entrar en el chiringuito de las loterías a comprobar si su boleto tenia premio y, en vista de que no, comprar otro para tentar de nuevo la suerte. En ese momento, una furgoneta que circulaba demasiado rápido le sobresaltó, haciendo sonar el claxon, mientras le pasaba rozando el hombro. Pudo oír como el conductor le insultaba antes de detenerse frente al semáforo rojo, pocos metros más allá.
En el banco había cola en el cajero automático y ante el mostrador el cajero humano. Tenía que presentarse periódicamente para que la autoridades comprobasen por medio de la corroboración de los empleados del banco, que seguía con vida y que no le estaban pagando su pensión a algún aprovechado. Esperó durante unos veinte minutos mientras veía irritarse a los clientes más impacientes. Todos murmuraban entre dientes pero cundo les llegaba el turno no se quejaban ni pedían ninguna hoja de reclamación. Pensó en la reverencia eclesial que imponía la banca del dios dinero a sus feligreses.
Camino del supermercado chocó con un joven que iba mirando el móvil y casi lo tira al suelo. "Mira por donde vas, abuelo" le dijo como propina el airado muchacho. En el súper compró cebollas y, de paso, miró con deseo y añoranza la estantería de los vinos. Con su pensión no se podía permitir caprichos. Esperando para pagar, una señora que debía tener mucha prisa, se le coló sin reparos, explicaciones ni disculpas. Al mismo tiempo, la que esperaba detrás, le embistió con el carro y con un "perdón" qué más parecía una amenaza que una disculpa. En la panadería no se cabía y en el trasiego de entrar y salir alguien le clavó un codo entre las costillas y además le propinaron un buen pisotón. Nadie parecía darse cuenta de los demás.
En el camino de vuelta a casa se encontró con la vecina que, otra vez, se quejó de lo mucho que le molestaban las ramas del árbol de su jardín trasero e insistió en exigirle que las cortara. Aquella mujer, neurótica de la limpieza se quejaba de que las hojas caídas del único árbol, el único ser orgánico de todos los patios interiores de la manzana de viviendas, ratas y vecinos aparte, le ensuciaban las baldosas.
Al entrar en su edificio, después del reglamentario rodeo de vehículos y de basuras, le esperaba la factura de la luz que el cartero dejaba en un montón por no molestarse en distribuir las cartas entre los buzones. Pagaba casi un diez por ciento de lo que cobraba de la seguridad social, a la compañía eléctrica. Lo cual, unido al alquiler y los demás gastos mensuales, lo dejaba cada principio de mes en números rojos. A estas alturas ya se sentía muy fatigado, por suerte vivía en la planta baja porque el ascensor siempre estaba roto. Algún gracioso se dedicaba a boicotearlo pulsando todos los botones a la vez y los técnicos cada vez ponían menos interés en repararlo y más ceros en la factura de la comunidad.
Después de atender, durante la hora de la siesta, las llamadas de un vendedor de seguros de decesos, y la de una operadora de telefonía de la competencia, y después de negarles de la manera más humanitaria posible la entrada a una pegajosa pareja de testigos de Jehová, ya avanzada la tarde, se sentó en el sillón a leer la prensa. El panorama que presentaban las noticias no era nada halagüeño. Los fascistas han vuelto al poder pasados cuarenta años de una transición ilusoria. Los mismos fascistas contra los que luchó su padre. La izquierda que se supone que debe ofrecer una alternativa, está más dividida que nunca. En realidad, pensó, el fascismo nunca había salido del poder, solo había maquillado su discurso y la izquierda nunca se había unido. Así que la noticia era que no hay noticia. Pero centenares de miles de personas de la región con mayor numero de habitantes del país le habían dado su voto a un partido de ultraderecha, fundamentalista católico, contrario al aborto, partidario de restaurar la pena de muerte, defensor de la monarquía y de la centralización del poder, racista, machista y homófono.
Dos páginas adelante, leyó con sorpresa que el banco donde había estado por la mañana tenia prevista una reducción drástica de su plantilla y pensó que si con el actual tardaban veinte minutos en atender, con la mitad del personal pasaría toda la mañana esperando en el banco. Y que encima, a los clientes se les alecciona para que hagan desde los automáticos y desde sus teléfonos móviles el trabajo de los cajeros que van a despedir. Por supuesto, sin dejar de cobrarles las comisiones. Los clientes se ponen la gasolina en las gasolineras, recogen sus mesas en los restaurantes, se reservan los vuelos y se sacan sus tarjetas de embarque y pagan por ello. Los usuarios de la administración pública realizan los tramites para pagar sus propios impuestos, se recaudan a si mismos. Los becarios trabajan gratis a tiempo completo. Los autónomos se creen empresarios. Y al final de la vida de trabajo las pensiones no alcanzan ni para comer. Esa es la reforma laboral que el engaño de la crisis ha traído, se dijo.
Ver televisión no mejoró las cosas. Programas en los que se humilla a los concursantes y al público asistente. Chismorreos e intimidades de personajes intrascendentes ventilados a gritos. Políticos corruptos y mentirosos, en campaña electoral permanente, haciendo declaraciones en tertulias de periodistas sin escrúpulos o de cómicos sin gracia. Y todo, siempre con las máximas audiencias, bien salpicado de publicidad engañosa. Hastiado, pensó que en la televisión la moral es puro comercio.
A la hora de cenar la indignación del anciano desbordaba sus límites. Cuando su mujer le preguntó si dejaría alguna vez de refunfuñar, por un momento pensó en contarle los acontecimientos que había vivido a lo largo de la jornada, pero le dio una terrible pereza. De pronto tuvo una visión. Se imaginó el cielo cubierto de imbéciles volando que no le dejaban ver el sol, ni respirar, hasta que, de golpe, cayeron todos en su plato. Miró su sopa con tristeza, luego miró a su mujer con determinación y dijo: "dejaré de refunfuñar cuando deje de encontrar gilipollas en la sopa".
"O sea, nunca", murmuró ella.
Relojes
«Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.
¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa».
Julio Cortazar, Instrucciones para dar cuerda al reloj.
Historia reguero de errores
como el de transformar en mecánica la magia
cambiar la metáfora de la arena por la de la rueda
la hora solar por la hora oficial
Grave error creer que los relojes son máquinas
mecanismos del poder
engranajes de maquinaciones
El despertador confunde hora de dormir con sueño
hora de comer con hambre
Se enreda el sexo con el cronómetro
el trabajo con el horario
la risa con la hora del recreo
la hora de cagar con el laxante
El calendario olvida las estaciones
a golpes de campana empieza los años
embarulla a la luna con los meses
cuenta semanas con misas
desbarata los días con las prisas
mezcla edad con cumpleaños
Pero hay relojes hechos de soles
de agua o de arena o de incienso
de flores y de vida y de regeneraciones
Cronógrafo universal de sangre y carne y piel y huesos
su tictac es el latido que llevamos dentro
el misterio es la fuerza que lo mantiene en marcha
Su espacio no se puede fragmentar
no se divide ni se mide
no se cronometra ni mesura
Tampoco se calcula
Las horas ya las tenemos todos contadas
lo que se pierde y se recobra
es el dinero y no la hora
Quienes dicen que el tiempo es oro
olvidan que para obtener un gramo
hay que remover cien kilos de ganga
que la verdadera ganga es el momento
y las horas extraordinarias no se pagan
como el de transformar en mecánica la magia
cambiar la metáfora de la arena por la de la rueda
la hora solar por la hora oficial
Grave error creer que los relojes son máquinas
mecanismos del poder
engranajes de maquinaciones
El despertador confunde hora de dormir con sueño
hora de comer con hambre
Se enreda el sexo con el cronómetro
el trabajo con el horario
la risa con la hora del recreo
la hora de cagar con el laxante
El calendario olvida las estaciones
a golpes de campana empieza los años
embarulla a la luna con los meses
cuenta semanas con misas
desbarata los días con las prisas
mezcla edad con cumpleaños
Pero hay relojes hechos de soles
de agua o de arena o de incienso
de flores y de vida y de regeneraciones
Cronógrafo universal de sangre y carne y piel y huesos
su tictac es el latido que llevamos dentro
el misterio es la fuerza que lo mantiene en marcha
Su espacio no se puede fragmentar
no se divide ni se mide
no se cronometra ni mesura
Tampoco se calcula
Las horas ya las tenemos todos contadas
lo que se pierde y se recobra
es el dinero y no la hora
Quienes dicen que el tiempo es oro
olvidan que para obtener un gramo
hay que remover cien kilos de ganga
que la verdadera ganga es el momento
y las horas extraordinarias no se pagan
Eslabones
«La cuna se balancea sobre un abismo, y el sentido común nos dice que nuestra existencia no es más que una breve rendija de luz entre dos eternidades de tinieblas».
Vladimir Nabokov, Habla memoría.
Mi existencia es parte de una cadena cuyo origen se pierde en la oscuridad del tiempo. Donde se pierden los eslabones. Procuro recordar que cadena no significa condena. No siempre. El sentido de esa cadena no lo conozco. No lo conoce nadie. Soy un eslabón cualquiera. Cuando repaso lo vivido, me reprocho los errores y me enorgullezco de los aciertos. Óxidos y relumbrones de un eslabón cualquiera. Siento que si no fuera lo que soy, que si no fuera como soy, mis hijos no existirían. No existirían sus hijos, ni los hijos de sus hijos. No habría eslabones futuros que prolongaran la cadena de la existencia hacia la oscuridad del tiempo. Y así tal vez, solo tal vez, llegaran a conocer su sentido.
Puentes
Los hay que tienen un plano
La mayoría inventan o improvisan
Unos pocos lo encuentran tendido
Muchos más se dejan en ello la espalda
Se afanan industrias y artesanos
Cuadrillas y solitarios
Todos somos ingenieros y albañiles
Funambulistas y escaladores
Tornillo a tomillo
Piedra a piedra
Cada día lo cimentamos
Olvidándonos del vértigo
Inconscientes de la banalidad del esfuerzo
Ante un paisaje de soles estrellas y galaxias
El mayor espectáculo del universo
Una magnífica broma
Estiramos un hilo en el filo del vacío
Un trapecio imposible
Colgando entre dos orillas que no existen
Vivir es construir un puente
Que va de ningún lado
A ninguna parte
Al colocar el último ladrillo
El puente se desvanece
Déjame cruzar de tu mano
La mayoría inventan o improvisan
Unos pocos lo encuentran tendido
Muchos más se dejan en ello la espalda
Se afanan industrias y artesanos
Cuadrillas y solitarios
Todos somos ingenieros y albañiles
Funambulistas y escaladores
Tornillo a tomillo
Piedra a piedra
Cada día lo cimentamos
Olvidándonos del vértigo
Inconscientes de la banalidad del esfuerzo
Ante un paisaje de soles estrellas y galaxias
El mayor espectáculo del universo
Una magnífica broma
Estiramos un hilo en el filo del vacío
Un trapecio imposible
Colgando entre dos orillas que no existen
Vivir es construir un puente
Que va de ningún lado
A ninguna parte
Al colocar el último ladrillo
El puente se desvanece
Déjame cruzar de tu mano
Temporales
Nos llegará la hora del tocamiento,
tiempo para los abrazos voraces,
nuestras pieles se buscarán tenaces,
como arena que se llevará el viento.
Ese segundo en que vea tu aliento,
hará con el universo las paces,
amemos mientras seamos capaces.
Eternidad, un instante muy lento.
Aunque la ilusión sea corporal,
ese sencillo minuto me colma,
luz vivida, arrecife de coral.
Y cada vez que miro el mar en calma,
recuerdo que todo él es temporal,
así la tempestad sacude mi alma.
tiempo para los abrazos voraces,
nuestras pieles se buscarán tenaces,
como arena que se llevará el viento.
Ese segundo en que vea tu aliento,
hará con el universo las paces,
amemos mientras seamos capaces.
Eternidad, un instante muy lento.
Aunque la ilusión sea corporal,
ese sencillo minuto me colma,
luz vivida, arrecife de coral.
Y cada vez que miro el mar en calma,
recuerdo que todo él es temporal,
así la tempestad sacude mi alma.
Contrabando
Pasamos la vida contrabandeando
bajo la frontera del bien y el mal
entre las dudas de lo que es normal
con nuestros sentimientos traficando.
Cada muro lo vamos escarbando,
en busca del alijo más inmoral.
Convertimos útil en fenomenal,
al gusto las barreras desplazando.
No somos mercancías prohibidas,
ni importa donde cada quien habite.
Sí cuentan, las caricias recibidas.
Piratas jugando al escondite,
las horas sin amor serán perdidas,
la piel de los amantes el desquite.
bajo la frontera del bien y el mal
entre las dudas de lo que es normal
con nuestros sentimientos traficando.
Cada muro lo vamos escarbando,
en busca del alijo más inmoral.
Convertimos útil en fenomenal,
al gusto las barreras desplazando.
No somos mercancías prohibidas,
ni importa donde cada quien habite.
Sí cuentan, las caricias recibidas.
Piratas jugando al escondite,
las horas sin amor serán perdidas,
la piel de los amantes el desquite.
Patas arriba
Hoy voy a ser alarmista, que suenen las sirenas, tocad las bocinas. Es la hora de la pataleta. Y no es para menos. Se aproxima una catástrofe planetaria, un apocalipsis. De nuevo nos amenaza el caos. De nuevo la humanidad ha metido la pata o, en este caso, la ha sacado del tiesto. Las últimas noticias informan al pie de la letra, de una epidemia desconocida que se extiende sin freno entre la población mundial. La cosa es que, de manera imprevisible, a la gente le están saliendo unos pies en el lugar de la cabeza. Dos pies con sus dedos, sus uñas y sus roñas, iguales que los de las extremidades inferiores. En el lugar donde debería estar el cuello hay pantorrillas y tobillos. Donde estaba el cerebro ahora hay un talón de Aquiles. Por la noche los afectados se acuestan con la cabeza en su sitio y a la mañana siguiente se despiertan descabezados, con otro par de pies bien calados entre los hombros. Ya no saben donde está la cabecera o los pies de la cama, donde arriba o abajo. En ocasiones el cambiazo se produce durante el tiempo de echar una breve cabezada. Está claro que ya no nos podemos dormir.
La comunidad científica internacional está desconcertada, no da pie con bola. Andan con el pie cambiado. De momento no se ponen de acuerdo ni en el nombre de la enfermedad. Unos apuestan por "podocefalia" otros por "cefalopodia". En la calle la gente de a pie, a los infectados, les llama "testapies" o "patatiestos". Las autoridades sanitarias están en pie de guerra, reclaman extremar las medidas de higiene. Advierten de que el fenómeno es espontáneo, que no se contagia. El asunto no parece tener ni pies ni cabeza, o peor, más pies que cabezas. Nadie sabe con seguridad por qué se produce, ni cómo, aunque existen fundadas sospechas de que los neoliberales andan detrás del asunto. Todos sabemos de que pie cojean.
La situación es tan absurda como desesperada y ha dado pie a graves consecuencias. Entre ellas, la estupidez generalizada. Donde antes se hablaba, ahora se cocea y se patalea. Donde antes se razonaba, ahora se hacen las cosas con los pies. Las ciudades y los campos se han llenado de esos extraños animalejos de cuatro patas sin mollera ni sesera, que se chocan unos con otros. Andan de cabeza o a cuatro pies y dos manos, a empujones, dándose continuos pisotones, trepándose unos a otros. Los hay que se levantan cada mañana con el pie izquierdo o, peor aún, con el derecho. Donde antes se hacia pie ahora se ahogan. Todos los recién nacidos vienen con los pies por delante. Es un constante meter la pata. Algunos, en lugar de pies tienen pezuñas, patas de palo o garras. A unos pocos les ha salido un pene. Por todas partes se extiende un tufo maloliente, mezcla de olor a sacristía, internado, gimnasio y cuartel militar.
Los fabricantes de calzado han multiplicado sus beneficios, los precios de los zapatos se han disparado. Y los de las medias, calcetines, calientapiernas, lacas de uñas, fungicidas y ambientadores. La industria de las tecnologías electrónicas ha lanzado al mercado una amplia gama de teclados con más teclas y mandos a distancia con más botones para sus nuevos clientes de treinta dedos. El eslogan de su campaña de marketing dice: «compro mucho porque yo no soy cojo». Por contra han caido las ventas de champú, sombreros y aspirinas. El hecho es, sin embargo, que la gran mayoría de la población va descalza, tan solo unos cuantos privilegiados se pavonean con regios calzados y ampulosas zapatillas. Ante tamaño desatino los únicos que están contentos son los fetichistas, los podófilos y los pedicuros. Y los futboleros, claro, que piensan alargar la duración de los partidos y jugar con dos balones. Por doquier, han aparecido callos, durezas, verrugas, quistes, juanetes y hongos, como setas. Los psicólogos en la mayoría de los casos trabajan de podólogos y los zapateros remendones, con urgencia, estudian psiquiatría. Los peluqueros se suicidan en masa.
El mundo que conocemos, en fin, está patas arriba. Mi recomendación en este caso es clara, hay que poner pies en polvorosa, buscar otro planeta y salir de este por patas. Da igual si nos llaman cobardes, correr sin mirar atrás, pies para qué os quiero. Volver a empezar de nuevo con pies de plomo, cuidando de que el primer paso no sea con la plantilla equivocada.
La comunidad científica internacional está desconcertada, no da pie con bola. Andan con el pie cambiado. De momento no se ponen de acuerdo ni en el nombre de la enfermedad. Unos apuestan por "podocefalia" otros por "cefalopodia". En la calle la gente de a pie, a los infectados, les llama "testapies" o "patatiestos". Las autoridades sanitarias están en pie de guerra, reclaman extremar las medidas de higiene. Advierten de que el fenómeno es espontáneo, que no se contagia. El asunto no parece tener ni pies ni cabeza, o peor, más pies que cabezas. Nadie sabe con seguridad por qué se produce, ni cómo, aunque existen fundadas sospechas de que los neoliberales andan detrás del asunto. Todos sabemos de que pie cojean.
La situación es tan absurda como desesperada y ha dado pie a graves consecuencias. Entre ellas, la estupidez generalizada. Donde antes se hablaba, ahora se cocea y se patalea. Donde antes se razonaba, ahora se hacen las cosas con los pies. Las ciudades y los campos se han llenado de esos extraños animalejos de cuatro patas sin mollera ni sesera, que se chocan unos con otros. Andan de cabeza o a cuatro pies y dos manos, a empujones, dándose continuos pisotones, trepándose unos a otros. Los hay que se levantan cada mañana con el pie izquierdo o, peor aún, con el derecho. Donde antes se hacia pie ahora se ahogan. Todos los recién nacidos vienen con los pies por delante. Es un constante meter la pata. Algunos, en lugar de pies tienen pezuñas, patas de palo o garras. A unos pocos les ha salido un pene. Por todas partes se extiende un tufo maloliente, mezcla de olor a sacristía, internado, gimnasio y cuartel militar.
Los fabricantes de calzado han multiplicado sus beneficios, los precios de los zapatos se han disparado. Y los de las medias, calcetines, calientapiernas, lacas de uñas, fungicidas y ambientadores. La industria de las tecnologías electrónicas ha lanzado al mercado una amplia gama de teclados con más teclas y mandos a distancia con más botones para sus nuevos clientes de treinta dedos. El eslogan de su campaña de marketing dice: «compro mucho porque yo no soy cojo». Por contra han caido las ventas de champú, sombreros y aspirinas. El hecho es, sin embargo, que la gran mayoría de la población va descalza, tan solo unos cuantos privilegiados se pavonean con regios calzados y ampulosas zapatillas. Ante tamaño desatino los únicos que están contentos son los fetichistas, los podófilos y los pedicuros. Y los futboleros, claro, que piensan alargar la duración de los partidos y jugar con dos balones. Por doquier, han aparecido callos, durezas, verrugas, quistes, juanetes y hongos, como setas. Los psicólogos en la mayoría de los casos trabajan de podólogos y los zapateros remendones, con urgencia, estudian psiquiatría. Los peluqueros se suicidan en masa.
El mundo que conocemos, en fin, está patas arriba. Mi recomendación en este caso es clara, hay que poner pies en polvorosa, buscar otro planeta y salir de este por patas. Da igual si nos llaman cobardes, correr sin mirar atrás, pies para qué os quiero. Volver a empezar de nuevo con pies de plomo, cuidando de que el primer paso no sea con la plantilla equivocada.
El universo dice
Puedes sembrar el espacio infinito
de sondas espaciales
inundar el cielo estrellado
con mensajes en botellas
no hay comunicación
entre el universo y tú
mas allá de este hecho
el universo dice
tú no callas
parloteas
pocas veces escuchas
y casi nunca oyes
Esa pequeña flor
de apariencia insignificante
que crece al borde del camino
entre las piedras y el asfalto
es un mensaje
un grito un discurso una canción un sermón
una reproducción en directo
una valla publicitaria de veinte metros
un gemido de placer
un susurro amoroso
un poema
para ti
del universo
Tú pasas de largo
vigilando el cuentakilómetros
atento a las señales de tráfico
con la radio a todo volumen
hablando por el móvil
discutiendo sobre botánica
que si al Taraxacum officinale se le llama diente de león amargón radicha radicheta panadero peeta achicoria botón de oro lechuguilla pelosilla pelusilla taraxacón bulanico almirón corona de fraile bufa de lobo chinita de campo flor de macho frango lechiriega meacamas o tatusia
de sondas espaciales
inundar el cielo estrellado
con mensajes en botellas
no hay comunicación
entre el universo y tú
mas allá de este hecho
el universo dice
tú no callas
parloteas
pocas veces escuchas
y casi nunca oyes
Esa pequeña flor
de apariencia insignificante
que crece al borde del camino
entre las piedras y el asfalto
es un mensaje
un grito un discurso una canción un sermón
una reproducción en directo
una valla publicitaria de veinte metros
un gemido de placer
un susurro amoroso
un poema
para ti
del universo
Tú pasas de largo
vigilando el cuentakilómetros
atento a las señales de tráfico
con la radio a todo volumen
hablando por el móvil
discutiendo sobre botánica
que si al Taraxacum officinale se le llama diente de león amargón radicha radicheta panadero peeta achicoria botón de oro lechuguilla pelosilla pelusilla taraxacón bulanico almirón corona de fraile bufa de lobo chinita de campo flor de macho frango lechiriega meacamas o tatusia
Bostezar
Yo quiero ser bostezando el militante
del bostezo quiero ser el activista, el miliciano.
Un hombre a un bostezo pegado.
Un hidalgo de los de bostezo en astillero.
Bostezo seré, mas bostezo enamorado.
Porque se hace camino al bostezar.
Porque los bostezos son un arma cargada de futuro.
Porque la vida es bostezo y los bostezos, etc.
Bostezar porque siempre dice más un bostezo
que el discurso que lo provoca.
Espatarrarme en el primer banco de la iglesia,
ante el altar, rodeado de beatos y de santurronas,
mirando de frente al cura pilonero sonreír y ...
bostezar.
Subir al estrado en el parlamento
recorrer con la mirada lentamente el hemiciclo
mirar a los ojos a los diputados, beber agua y ...
bostezar.
Sentarme a las mesas de los famosos tontulianos
en los programas de las mayores audiencias
y cuando me pregunten ¿usted qué opina? ...
bostezar.
Acudir a la entrega de los Oscars,
después de acudir a la entrega de los Grammy
y cuando digan mi nombre para premiarme ...
bostezar.
En el mitin del partido más votado
colocarme detrás del presidente entre su público seleccionado
esperar a que todas las cámaras empiecen a grabar y ...
bostezar.
En la facultad de ciencias económicas y empresariales
mientras conferencia uno de los más prestigiosos neoliberales
en presencia del rector y del decano, repantingarme y ...
bostezar.
Ante el juez y el fiscal durante las diligencias previas
sentado en el banquillo de los abusados
después de prestar juramento, en el momento de declarar ...
bostezar.
Durante el discurso reaccionario del insoportable cuñado
cuando me digan estás muy callado en plena comilona familiar
con el aliento de café copa y puro ...
bostezar.
Ante el Partenón o las grandes pirámides,
encaramado a las más altas torres, como una mansa lluvia
para contagiar los bostezos a la población desprevenida ...
bostezar.
No se trata de un bostezo cualquiera,
tímido, disimulado o avergonzado,
que pase desapercibido.
No hablo de bostezar a causa del sueño,
del hambre o del aburrimiento.
Hablo de un bostezo a pleno pulmón,
ostentoso, maleducado, ruidoso, descarado.
Como el de los gatos o el de los monos.
Hablo de enseñar todos los dientes
incisivos, premolares, molares y hasta la campanilla,
de sacar a pasear la lengua,
de entornar los ojos, soltar lagrimones,
de babear, hacer ruido de masticaciones
de rascarse la cabeza, la panza,
el culo o los cojones
y desperezarse.
De terminar cada bostezo con canciones,
Mitad suspiro mitad orgasmo.
De una boqueada que haga girarse a la gente.
Un bostezo tan inquietante
que haga murmurar a los bienpensantes.
Un bostezar subversivo y liberador.
del bostezo quiero ser el activista, el miliciano.
Un hombre a un bostezo pegado.
Un hidalgo de los de bostezo en astillero.
Bostezo seré, mas bostezo enamorado.
Porque se hace camino al bostezar.
Porque los bostezos son un arma cargada de futuro.
Porque la vida es bostezo y los bostezos, etc.
Bostezar porque siempre dice más un bostezo
que el discurso que lo provoca.
Espatarrarme en el primer banco de la iglesia,
ante el altar, rodeado de beatos y de santurronas,
mirando de frente al cura pilonero sonreír y ...
bostezar.
Subir al estrado en el parlamento
recorrer con la mirada lentamente el hemiciclo
mirar a los ojos a los diputados, beber agua y ...
bostezar.
Sentarme a las mesas de los famosos tontulianos
en los programas de las mayores audiencias
y cuando me pregunten ¿usted qué opina? ...
bostezar.
Acudir a la entrega de los Oscars,
después de acudir a la entrega de los Grammy
y cuando digan mi nombre para premiarme ...
bostezar.
En el mitin del partido más votado
colocarme detrás del presidente entre su público seleccionado
esperar a que todas las cámaras empiecen a grabar y ...
bostezar.
En la facultad de ciencias económicas y empresariales
mientras conferencia uno de los más prestigiosos neoliberales
en presencia del rector y del decano, repantingarme y ...
bostezar.
Ante el juez y el fiscal durante las diligencias previas
sentado en el banquillo de los abusados
después de prestar juramento, en el momento de declarar ...
bostezar.
Durante el discurso reaccionario del insoportable cuñado
cuando me digan estás muy callado en plena comilona familiar
con el aliento de café copa y puro ...
bostezar.
Ante el Partenón o las grandes pirámides,
encaramado a las más altas torres, como una mansa lluvia
para contagiar los bostezos a la población desprevenida ...
bostezar.
No se trata de un bostezo cualquiera,
tímido, disimulado o avergonzado,
que pase desapercibido.
No hablo de bostezar a causa del sueño,
del hambre o del aburrimiento.
Hablo de un bostezo a pleno pulmón,
ostentoso, maleducado, ruidoso, descarado.
Como el de los gatos o el de los monos.
Hablo de enseñar todos los dientes
incisivos, premolares, molares y hasta la campanilla,
de sacar a pasear la lengua,
de entornar los ojos, soltar lagrimones,
de babear, hacer ruido de masticaciones
de rascarse la cabeza, la panza,
el culo o los cojones
y desperezarse.
De terminar cada bostezo con canciones,
Mitad suspiro mitad orgasmo.
De una boqueada que haga girarse a la gente.
Un bostezo tan inquietante
que haga murmurar a los bienpensantes.
Un bostezar subversivo y liberador.
El olvido del marinero
Igual que aquella vez en que se vio reflejado en los ojos de su amada.
La primera vez que se plantó ante la inmensidad del mar
sintió que nunca la iba a olvidar.
Pero la última vez que llegó a puerto
después de navegar durante veinte años
y de verlo cada día
el marinero creyó que se había olvidado del mar.
«Verte a todas horas ha sido la mejor manera de olvidarme de ti», pensó.
Cansado de tormentas y tempestades
empezó a caminar tierra adentro
y no paró hasta que dejó de encontrar sal en el viento.
Desde ese momento
el cielo parecía un océano.
Las estrellas le recordaban el rumbo perdido.
El viento entre las hojas, rumor de las olas.
Las cigüeñas eran gaviotas. El pan, pescado.
Las caricias de su amada eran brisa marina.
De repente el suelo se empezó a balancear bajo sus pies.
Entonces el marinero lo comprendió.
No son las tormentas ni las tempestades,
no es el sol implacable ni es el salitre,
no es el frío ni la humedad,
no son los bandazos ni los mareos,
no es la soledad, ni siquiera son los naufragios.
El mar, como el amor, no se puede olvidar.
Tampoco se puede rememorar.
El mar se vive cada día del resto de la vida.
Cuando eres marinero formas parte del mar.
La primera vez que se plantó ante la inmensidad del mar
sintió que nunca la iba a olvidar.
Pero la última vez que llegó a puerto
después de navegar durante veinte años
y de verlo cada día
el marinero creyó que se había olvidado del mar.
«Verte a todas horas ha sido la mejor manera de olvidarme de ti», pensó.
Cansado de tormentas y tempestades
empezó a caminar tierra adentro
y no paró hasta que dejó de encontrar sal en el viento.
Desde ese momento
el cielo parecía un océano.
Las estrellas le recordaban el rumbo perdido.
El viento entre las hojas, rumor de las olas.
Las cigüeñas eran gaviotas. El pan, pescado.
Las caricias de su amada eran brisa marina.
De repente el suelo se empezó a balancear bajo sus pies.
Entonces el marinero lo comprendió.
No son las tormentas ni las tempestades,
no es el sol implacable ni es el salitre,
no es el frío ni la humedad,
no son los bandazos ni los mareos,
no es la soledad, ni siquiera son los naufragios.
El mar, como el amor, no se puede olvidar.
Tampoco se puede rememorar.
El mar se vive cada día del resto de la vida.
Cuando eres marinero formas parte del mar.
Alta cocina
En el país donde reina el bufón
el filosofo guerrea,
el poeta se prostituye
y el hombre santo mercadea,
el cocinero imparte lecciones,
escribe libros, vende fogones,
pronuncia sermones.
En su cocina guisan los ratones.
A los niños los atiborran los ladrones.
Cuando el puchero es arte
el plato no se rellena se repinta.
El vanidoso marmitón
confunde apetitoso con aparatoso.
El pinche ambicioso
convierte su chiringuito en espectáculo
a un precio escandaloso.
La élite y su séquito alardean
entre manteles de seda,
tenedores de plata,
cristal fino y estrellas de papel,
masticando fotografías,
teleconsumiendo exquisiteces de atrezzo,
alimentando el parloteo.
Antes de educar el paladar
deberíamos adiestrar la lengua.
No dudo de que algún filósofo
sea buen repostero,
pero el cocinero sabio es cocinero.
Fue al tocar la vianda,
al convertirla en oro,
cuando Midas se dio cuenta de su error.
La comida alimenta,
no engorda farsantes,
no es un lujo para diletantes,
ni una industria contaminante.
En el país del teatro culinario
unos engullen y otros son pitanza.
A mi, dame pan y dime demagogo.
Si a la mesa cabemos todos
y basta con repartir la ración,
¿para cuando un menú degustación
entre la clase obrera?.
el filosofo guerrea,
el poeta se prostituye
y el hombre santo mercadea,
el cocinero imparte lecciones,
escribe libros, vende fogones,
pronuncia sermones.
En su cocina guisan los ratones.
A los niños los atiborran los ladrones.
Cuando el puchero es arte
el plato no se rellena se repinta.
El vanidoso marmitón
confunde apetitoso con aparatoso.
El pinche ambicioso
convierte su chiringuito en espectáculo
a un precio escandaloso.
La élite y su séquito alardean
entre manteles de seda,
tenedores de plata,
cristal fino y estrellas de papel,
masticando fotografías,
teleconsumiendo exquisiteces de atrezzo,
alimentando el parloteo.
Antes de educar el paladar
deberíamos adiestrar la lengua.
No dudo de que algún filósofo
sea buen repostero,
pero el cocinero sabio es cocinero.
Fue al tocar la vianda,
al convertirla en oro,
cuando Midas se dio cuenta de su error.
La comida alimenta,
no engorda farsantes,
no es un lujo para diletantes,
ni una industria contaminante.
En el país del teatro culinario
unos engullen y otros son pitanza.
A mi, dame pan y dime demagogo.
Si a la mesa cabemos todos
y basta con repartir la ración,
¿para cuando un menú degustación
entre la clase obrera?.
El verdadero pesimista es el futuro
Temprano esta mañana he salido al jardín
para darles de comer a los gatos.
He desayunado un tazón de te bien caliente
con una cucharada de miel y un pedazo de bizcocho.
Después he dado un largo paseo por caminos tranquilos,
respirando profundo, despejando las piernas, estirando la mente.
En el pueblo he comprado una barra de pan.
Hoy hacía frío pero la mañana ha sido soleada.
Antes de comer he barrido las hojas secas,
arrancado algunas ortigas de entre las lechugas,
podado algunas ramas de salvia y romero.
Mi compañera Dani que a veces disfruta cocinando
ha preparado albóndigas a la jardinera apetitosas.
Hemos comido junto a la estufa,
todavía queda leña para unos cuantos días.
La siesta también en invierno es obligatoria.
Me he sentado un rato ante la pantalla del ordenador
he corregido el poema que escribí ayer,
les he enviado un correo a mis hijos para quedar
y he leído algunos titulares de periódicos.
El anochecer es tiempo de cine en la tele, de charlar,
de meditar, de estudio, de música, de escritura o de lectura.
O tiempo, tan necesario para el mundo, del arte de no hacer nada.
Una cena frugal, una ducha caliente y a la cama.
Aunque a menudo me dicen que soy pesimista
en el presente puedo decir que soy optimista.
No voy a presumir de estar bien informado.
Pero en las noticias del telediario he visto y oído
que el fascismo totalitario se ha vuelto a quitar la careta,
de nuevo las muchedumbres se han cegado
y en muchos lugares del mundo lo han votado
para que se apodere de las instituciones.
Un día más en el mar ha habido decenas de ahogados
de una patera que ha naufragado, ya suman miles
y a los pocos que han sido rescatados
no les dejan desembarcar en ningún puerto seguro,
quienes les ayudan son acusados de tráfico de personas.
En un barrio pobre de la periferia
tres vecinos han muerto en un incendio
provocado por una sobrecarga eléctrica,
tenían la luz pinchada en un piso ocupado,
puede que antes estuvieran viviendo en la calle
después de que les desahuciara un juzgado
por no cumplir en el pago de sus deudas al banco.
Hay trabajadores indigentes y familias sin esperanzas.
Cinco muchachos jóvenes fuertes y sanos
que fueron condenados a nueve años de cárcel
por un delito de abuso sexual tipificado en el código penal,
después de violar entre todos a una mujer de dieciocho,
siguen en libertad mientras se resuelve su recurso.
Los representantes democráticos de los ciudadanos,
con su majestad el rey de todos sus súbditos a la cabeza
se están quedando afónicos a base de repetir
que las decisiones de los jueces son independientes.
Muchos creen que no es cierto,
que la separación de poderes es una falacia,
y que se repite muchas veces una falsedad
para convertirla en verdad.
Los pensionistas han salido otra vez a la calle
para reclamar merecidas pensiones dignas
después de una vida de trabajo,
el gobierno dice que no hay dinero
y que el problema es que viven demasiados años.
Será porque tenemos la mejor sainad pública del mundo,
a pesar de los recortes presupuestarios.
Por culpa de la crisis tampoco hay dinero para escuelas
lo poco que queda hay que invertirlo en armamento,
la protección de la ciudadanía es lo más importante,
es necesario defenderse de la amenaza terrorista,
armar adecuadamente a las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado,
legislar para evitar la disidencia que se puede convertir en violencia.
También parece ser que estamos padeciendo
la irreversible polución de la atmosfera y de los mares,
proliferan los desastres climaticos,
la basura es un problema global,
escasean los recursos como el agua potable,
son algunas de las consecuencias de la contaminación
pero los gobiernos no se ponen de acuerdo para su prevención.
Como tantas veces en el pasado
las noticias dicen que los políticos mienten, que los banqueros roban
los militares asesinan, los jueces prevarican, los medios manipulan
y los poderosos deciden los destinos nada halagüeños
de millones de personas tan inocentes como ingenuas.
Presente, pasado y futuro.
Puedo decir que soy optimista.
No voy a presumir de estar bien informado.
Aunque a menudo me dicen que soy pesimista.
El verdadero pesimista es el futuro.
para darles de comer a los gatos.
He desayunado un tazón de te bien caliente
con una cucharada de miel y un pedazo de bizcocho.
Después he dado un largo paseo por caminos tranquilos,
respirando profundo, despejando las piernas, estirando la mente.
En el pueblo he comprado una barra de pan.
Hoy hacía frío pero la mañana ha sido soleada.
Antes de comer he barrido las hojas secas,
arrancado algunas ortigas de entre las lechugas,
podado algunas ramas de salvia y romero.
Mi compañera Dani que a veces disfruta cocinando
ha preparado albóndigas a la jardinera apetitosas.
Hemos comido junto a la estufa,
todavía queda leña para unos cuantos días.
La siesta también en invierno es obligatoria.
Me he sentado un rato ante la pantalla del ordenador
he corregido el poema que escribí ayer,
les he enviado un correo a mis hijos para quedar
y he leído algunos titulares de periódicos.
El anochecer es tiempo de cine en la tele, de charlar,
de meditar, de estudio, de música, de escritura o de lectura.
O tiempo, tan necesario para el mundo, del arte de no hacer nada.
Una cena frugal, una ducha caliente y a la cama.
Aunque a menudo me dicen que soy pesimista
en el presente puedo decir que soy optimista.
No voy a presumir de estar bien informado.
Pero en las noticias del telediario he visto y oído
que el fascismo totalitario se ha vuelto a quitar la careta,
de nuevo las muchedumbres se han cegado
y en muchos lugares del mundo lo han votado
para que se apodere de las instituciones.
Un día más en el mar ha habido decenas de ahogados
de una patera que ha naufragado, ya suman miles
y a los pocos que han sido rescatados
no les dejan desembarcar en ningún puerto seguro,
quienes les ayudan son acusados de tráfico de personas.
En un barrio pobre de la periferia
tres vecinos han muerto en un incendio
provocado por una sobrecarga eléctrica,
tenían la luz pinchada en un piso ocupado,
puede que antes estuvieran viviendo en la calle
después de que les desahuciara un juzgado
por no cumplir en el pago de sus deudas al banco.
Hay trabajadores indigentes y familias sin esperanzas.
Cinco muchachos jóvenes fuertes y sanos
que fueron condenados a nueve años de cárcel
por un delito de abuso sexual tipificado en el código penal,
después de violar entre todos a una mujer de dieciocho,
siguen en libertad mientras se resuelve su recurso.
Los representantes democráticos de los ciudadanos,
con su majestad el rey de todos sus súbditos a la cabeza
se están quedando afónicos a base de repetir
que las decisiones de los jueces son independientes.
Muchos creen que no es cierto,
que la separación de poderes es una falacia,
y que se repite muchas veces una falsedad
para convertirla en verdad.
Los pensionistas han salido otra vez a la calle
para reclamar merecidas pensiones dignas
después de una vida de trabajo,
el gobierno dice que no hay dinero
y que el problema es que viven demasiados años.
Será porque tenemos la mejor sainad pública del mundo,
a pesar de los recortes presupuestarios.
Por culpa de la crisis tampoco hay dinero para escuelas
lo poco que queda hay que invertirlo en armamento,
la protección de la ciudadanía es lo más importante,
es necesario defenderse de la amenaza terrorista,
armar adecuadamente a las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado,
legislar para evitar la disidencia que se puede convertir en violencia.
También parece ser que estamos padeciendo
la irreversible polución de la atmosfera y de los mares,
proliferan los desastres climaticos,
la basura es un problema global,
escasean los recursos como el agua potable,
son algunas de las consecuencias de la contaminación
pero los gobiernos no se ponen de acuerdo para su prevención.
Como tantas veces en el pasado
las noticias dicen que los políticos mienten, que los banqueros roban
los militares asesinan, los jueces prevarican, los medios manipulan
y los poderosos deciden los destinos nada halagüeños
de millones de personas tan inocentes como ingenuas.
Presente, pasado y futuro.
Puedo decir que soy optimista.
No voy a presumir de estar bien informado.
Aunque a menudo me dicen que soy pesimista.
El verdadero pesimista es el futuro.
Valor y precio
En soleados despachos
la vida siempre será más valiosa que cara.
entre sombrías intenciones,
elegantes hordas de inversores
se reparten botines de guerra.
A sus ordenes, funestos laboratorios
de tenebrosos propósitos,
laureados tecnócratas,
alquimistas despiadados,
maquinistas alienados,
poetas millonarios,
millonarios desquiciados,
funambulistas del circo mediático,
fantasmas de castillos sin encanto,
mamporreros de burdel,
estómagos agradecidos,
mezclan, separan, confunden, infunden,
discriminan, incriminan, mutilan, sacrifican
y venden a sus madres si es necesario
ajenos a los efectos colaterales
contra los estómagos innecesarios.
Mezclan piedra con tijera,
metal vil con carne infantil,
vida con muerte,
corrupción con suerte;
confunden ilusión con fútbol,
educación con televisión,
fantasía con verdad,
esperanzas con pesadillas,
valores con comercio;
amputan carne por vil metal,
falsifican relaciones,
editan emociones,
fabrican necesidades,
inventan deseos.
A cualquier precio
venden y compran existencias,
como si fuesen provisiones.
Ignoran que el valor de la vida no tiene precio,
la vida siempre será más valiosa que cara.
Pero ellos han decidido
que la buena vida es cara.
Se mueren por vivir la vida a cuerpo de rey,
a lo grande, a lo loco, a tope,
a todo tren y a todo trapo.
Algunos la viven, muchos la anhelan.
la mayoría no la puede pagar.
Olvidan que el valor de la vida no tiene precio,
Andamos a diario arrastrando cepos,
las sonrisas plastificadas,
los apetitos extraviados.
Deberíamos andar buscando
en el vertedero de la memoria,
entre las ruinas del pasado,
y las futuras cenizas,
recordatorios para no olvidar
que detrás de los telones,
de las cortinas de humo,
de las vallas publicitarias,
hay una vida buena.
Porque el valor de la vida no tiene precio,
y la vida siempre será más valiosa que cara.
Por supuesto
Si doy por supuesto que dios no existe,
¿para que quiero pecar?.
Que la Luna no me necesita,
¿para qué voy a fabricar un cohete?.
Si mis lágrimas no les alimentan,
¿por qué tengo que llorar?.
Si no se puede acabar con las guerras,
¿dejaré de buscar la paz?.
Que pienso que las historias mienten,
¿para qué voy a pensar?.
Si por votar nada va a cambiar,
¿para qué hacer política?.
Si confío en que la naturaleza siempre encuentra la solución,
¿para qué voy a reciclar?.
Si ya sé que no me vas a leer,
¿para qué la poesía?.
Si siento que nunca me vas a querer,
¿para qué sentir?.
Que no es necesario que te diga que te quiero,
¿para qué te voy a besar?.
Si doy por sentado, sin ir más lejos,
que no voy a ganar, ¿para qué me voy a levantar?.
Todo lo que damos por supuesto
lo podemos dar por perdido.
Doy por supuesto que cualquier día dejaré de vivir,
pero, por supuesto que, no por ello dejaré de vivir.
¿para que quiero pecar?.
Que la Luna no me necesita,
¿para qué voy a fabricar un cohete?.
Si mis lágrimas no les alimentan,
¿por qué tengo que llorar?.
Si no se puede acabar con las guerras,
¿dejaré de buscar la paz?.
Que pienso que las historias mienten,
¿para qué voy a pensar?.
Si por votar nada va a cambiar,
¿para qué hacer política?.
Si confío en que la naturaleza siempre encuentra la solución,
¿para qué voy a reciclar?.
Si ya sé que no me vas a leer,
¿para qué la poesía?.
Si siento que nunca me vas a querer,
¿para qué sentir?.
Que no es necesario que te diga que te quiero,
¿para qué te voy a besar?.
Si doy por sentado, sin ir más lejos,
que no voy a ganar, ¿para qué me voy a levantar?.
Todo lo que damos por supuesto
lo podemos dar por perdido.
Doy por supuesto que cualquier día dejaré de vivir,
pero, por supuesto que, no por ello dejaré de vivir.
Velocidad
«¡Válganme mis orejas y bigotes, qué tarde se me está haciendo!»
Lewis Carroll, Alicia en el País de las Maravillas
«Son cinco minutos
La vida es eterna
En cinco minutos»
Victor Jara, Te recuerdo Amanda
«La velocidad es buena para aprender que hay que ir despacio»
Ángel Nieto, piloto español de motociclismo
Si no me pierdo los momentos, he perdido
Y si gano la carrera, estoy perdido
De cero a cien en un suspiro
Corre más rápido deprisa
Supera la marca bate el récord
Haz de los siglos segundos
Pasa pronto las pantallas
Más espacio en menos tiempo
De la salida a la meta solo hay distancia
Entre ambas lo que se ve no importa
Ni los avatares del camino
Antes flor de un día que laboriosa oruga
Siempre prefiero un reactor a un tractor
Soy viento nunca roca sin movimiento
No quiero orgasmo busco el espasmo
Lo quiero Instantáneo no indisoluble
Acelerar porque eternidad es parsimonia
La indolencia se combate con la diligencia
Voy con la liebre y que le den a la tortuga
Hace más de cien años
empezamos una carrera
Sin saber a donde
Para llegar antes
Sin saber de qué
Necios que somos luz
y competimos con la luz
El tiempo se dedica a desaparecer
Hay mucho, no es un problema
El tiempo no nos necesita
Pero nuestras historias sí
Somos fugaces y vivir es despedirse
Entonces para qué tantas prisas
La velocidad nos hace perder los momentos
Si no me los pierdo, he perdido
Y si gano, estoy perdido
Secos
Llueve y llueve
solo llueve
llueve sin parar
jarrea
llueve a cántaros
a mares
caen chuzos de punta
barriles
aguaceros
torrentes
diluvios
Hay inundaciones
riadas
maremotos
naufragios
ahogados
demasiados ahogados
y no me mojo
Y no nos mojamos
Secos
Resecos
Como quien oye llover
solo llueve
llueve sin parar
jarrea
llueve a cántaros
a mares
caen chuzos de punta
barriles
aguaceros
torrentes
diluvios
Hay inundaciones
riadas
maremotos
naufragios
ahogados
demasiados ahogados
y no me mojo
Y no nos mojamos
Secos
Resecos
Como quien oye llover
Mapas o caminos
Vivimos en mapas ...
En abstracto. Sin tacto ni contacto.
En mapas de carreteras.
Entre señales señalados.
Con banderas y chinchetas de colores.
Entre barreras y fronteras.
Geoestrategicos. Planisfericos. Hemisfericos.
Obsesionados con el mapa del tesoro.
Entre brújulas y sextantes.
Buscando la salida en los planos.
Pensando solo hacia delante.
Entre mapas del tiempo y cartas astrales.
Dirigidos. Proyectiles proyectados.
Entre hordas de turistas transeúntes.
Sin mirar hacia los lados
En mapas del metro.
...perdidos.
Por querer viviría en los caminos...
Con el viento en la cara.
Entre los pies la tierra.
El sol en los ojos.
Caminándote con los dedos.
Entre las manos y los abrazos.
Olvidado el horizonte resbaladizo.
Mirando cara a cara a la nada.
Encontrándote cada día.
Entre el tesoro que no está escondido.
Dejaría de peregrinar y vagaría.
Adiós a las distancias.
Sin pensar en llegar.
Por querer.
Paseando.
...bien hallado.
En abstracto. Sin tacto ni contacto.
En mapas de carreteras.
Entre señales señalados.
Con banderas y chinchetas de colores.
Entre barreras y fronteras.
Geoestrategicos. Planisfericos. Hemisfericos.
Obsesionados con el mapa del tesoro.
Entre brújulas y sextantes.
Buscando la salida en los planos.
Pensando solo hacia delante.
Entre mapas del tiempo y cartas astrales.
Dirigidos. Proyectiles proyectados.
Entre hordas de turistas transeúntes.
Sin mirar hacia los lados
En mapas del metro.
...perdidos.
Por querer viviría en los caminos...
Con el viento en la cara.
Entre los pies la tierra.
El sol en los ojos.
Caminándote con los dedos.
Entre las manos y los abrazos.
Olvidado el horizonte resbaladizo.
Mirando cara a cara a la nada.
Encontrándote cada día.
Entre el tesoro que no está escondido.
Dejaría de peregrinar y vagaría.
Adiós a las distancias.
Sin pensar en llegar.
Por querer.
Paseando.
...bien hallado.
Recursos humanos
Los humanos no somos recursos
En todo caso discursos
A veces excursos
Los humanos si tenemos recursos
Lingüísticos retóricos estilísticos
A veces poéticos
Los humanos no somos riquezas
Ni medios o bienes materiales
Ni las veces cosas
Los humanos somos seres vivos
Animales y mentales
A veces naturales
Los humanos no somos ladrillos
Ni las mil piezas de Lego
Ni las veces tornillos
Los humanos somos vecinos y hermanos
Capaces de alegría y de empatía
A veces nos amamos
Los humanos no te pertenecemos
Asqueroso especulador financiero
Político sin entrañas
Los humanos no somos recursos
Pero podemos ser inhumanos
A veces lo olvidamos
En todo caso discursos
A veces excursos
Los humanos si tenemos recursos
Lingüísticos retóricos estilísticos
A veces poéticos
Los humanos no somos riquezas
Ni medios o bienes materiales
Ni las veces cosas
Los humanos somos seres vivos
Animales y mentales
A veces naturales
Los humanos no somos ladrillos
Ni las mil piezas de Lego
Ni las veces tornillos
Los humanos somos vecinos y hermanos
Capaces de alegría y de empatía
A veces nos amamos
Los humanos no te pertenecemos
Asqueroso especulador financiero
Político sin entrañas
Los humanos no somos recursos
Pero podemos ser inhumanos
A veces lo olvidamos
Comparaciones
Flaco favor nos hizo Galileo en su día
al enseñarnos a cuantificar el Universo
Motivo para quemarlo en la plaza no había
pero él contaría las silabas de este verso
Lupas y microscopios catalejos y telescopios
nos convierten en mercancías y cosas
Los demás no son proporciones ni escalas
La balanza y la calculadora son máquinas peligrosas
Los juguetes para adultos pueden resultar desconsoladores
Sé de gente que se estrangula con la cinta métrica
Y hay quien se enajena a causa de la opinión ajena
Sé que si examino mis versos no los escribo
Las comparaciones destruyen las metáforas
Si a medir pesar y calcular le añadimos valor y juicio
puedo llegar a parecer peor por el hecho de ser diferente
puedo ser diferente para parecer mejor
pensar que soy más de lo que tú eres
sufrir porque no tengo nada y por lo mucho que tú tienes
o peor sufrir y hacerte padecer para llegar a tener más
Si me dedico a buscarte las diferencias
no te encuentro la identidad
Si te impongo las semejanzas y las afinidades
me pierdo tus particularidades
No hay que ahogarse en el propio ombligo
Mi consejo no es hacer de los números un enemigo
Pero compararnos con alguien
es ponernos de espaldas delante del espejo
al enseñarnos a cuantificar el Universo
Motivo para quemarlo en la plaza no había
pero él contaría las silabas de este verso
Lupas y microscopios catalejos y telescopios
nos convierten en mercancías y cosas
Los demás no son proporciones ni escalas
La balanza y la calculadora son máquinas peligrosas
Los juguetes para adultos pueden resultar desconsoladores
Sé de gente que se estrangula con la cinta métrica
Y hay quien se enajena a causa de la opinión ajena
Sé que si examino mis versos no los escribo
Las comparaciones destruyen las metáforas
Si a medir pesar y calcular le añadimos valor y juicio
puedo llegar a parecer peor por el hecho de ser diferente
puedo ser diferente para parecer mejor
pensar que soy más de lo que tú eres
sufrir porque no tengo nada y por lo mucho que tú tienes
o peor sufrir y hacerte padecer para llegar a tener más
Si me dedico a buscarte las diferencias
no te encuentro la identidad
Si te impongo las semejanzas y las afinidades
me pierdo tus particularidades
No hay que ahogarse en el propio ombligo
Mi consejo no es hacer de los números un enemigo
Pero compararnos con alguien
es ponernos de espaldas delante del espejo
Progreso
En mi ciudad hay una plaza que se llama del Progreso
Alguna vez fue una plaza popular
una plaza del pueblo
Un lugar para quedar
para charlar
para pasear
para jugar
Había una fuente y un estanque circular con peces rojos
Allí hubo una zapatería conocida como "La fuerza del destino"
Parece invención pero hay registros literarios del asunto
Tal vez vendieran calzado para andar hacia el futuro
Pero el futuro de aquel progreso fue un desaguisado
Hoy la Plaza del Progreso
es un lugar de paso sin pasado
para pasar sin mirar demasiado
Paradas de autobús y surtidores de gasolina
La zapatería es una sucursal bancaria
El estanque se secó
Alguna vez el progreso fue una esperanza
A mi progreso me suena a promesas incumplidas
Prosperidad de unos pocos
Niños hambrientos
Ruido
Basura
Hollín
Ladrillos polvorientos
Petróleo
Cañones
Chimeneas
Sueños macilentos
Perdón pero a mi ese progreso me huele a exterminios
En el presente el progreso avanza hacia su retroceso
No pienso viajar en la dirección del sinsentido
Por la ventanilla puedo ver alejarse el pasado
Y lo intento pero no veo mi destino acercarse
Seguiré vagando en contra del sentido de la marcha
Agárrame fuerte la mano y disfrutemos del recorrido
Alguna vez fue una plaza popular
una plaza del pueblo
Un lugar para quedar
para charlar
para pasear
para jugar
Había una fuente y un estanque circular con peces rojos
Allí hubo una zapatería conocida como "La fuerza del destino"
Parece invención pero hay registros literarios del asunto
Tal vez vendieran calzado para andar hacia el futuro
Pero el futuro de aquel progreso fue un desaguisado
Hoy la Plaza del Progreso
es un lugar de paso sin pasado
para pasar sin mirar demasiado
Paradas de autobús y surtidores de gasolina
La zapatería es una sucursal bancaria
El estanque se secó
Alguna vez el progreso fue una esperanza
A mi progreso me suena a promesas incumplidas
Prosperidad de unos pocos
Niños hambrientos
Ruido
Basura
Hollín
Ladrillos polvorientos
Petróleo
Cañones
Chimeneas
Sueños macilentos
Perdón pero a mi ese progreso me huele a exterminios
En el presente el progreso avanza hacia su retroceso
No pienso viajar en la dirección del sinsentido
Por la ventanilla puedo ver alejarse el pasado
Y lo intento pero no veo mi destino acercarse
Seguiré vagando en contra del sentido de la marcha
Agárrame fuerte la mano y disfrutemos del recorrido
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Este es un blog de poemas, pero para despistados. Si has caído aquí será porque ibas mirando las estrellas o las musarañas. Por despiste este blog está escrito en el idioma de otra galaxia. Y es que métrica aquí hay poca. En realidad es prosa de párrafos breves lo que hay. Suspiros, aullidos y algún jadeo. Son cincuenta años de palabras que se me han clavado como los pinchos de una chumbera y su picor me desespera. Palabras desencadenadas, enlazadas, entrecruzadas, hasta inventadas. Este blog es una acción que no sigue lo que es correcto, acertado o verdadero. Un error.<><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><>