Vuelta a empezar

o () o

Y sembraremos 
árboles en los hoyos
de los obuses.

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Arena

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El viento trae 
la arena del camino. 
Cierro los ojos.

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Estrellado

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Dulces estrellas
algunas noches pinchan
los corazones.

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Laureles

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Telas de araña
en ramas de laurel.
Cambian los vientos.

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Esforzados

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En no morir
gastamos más esfuerzos
que en vivir.

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Vino

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Vino de la uva,
sangre de pura cepa
de los viñedos.

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Haiku #42

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Viento alocado,
barrendero borracho
de soplar tanto.


Descubridor
del hueco de tu ombligo,
estoy perdido.


Ceniza fría
que hasta ayer fuiste llama,
también me quemas.


El día nace,
alegría infantil.
Muere el silencio.


El día muere
goteando tristeza.
Vuelve el silencio.


Mojé la mano
en aquel viejo estanque.
Viví la calma.


Horas de vida,
flores en un jarrón
malgastándose.


Horas de vida,
flores en un jardín
regocijándose.


Hecha de cielo
el agua de la lluvia
es pasto y es árbol.


El árbol crece,
aun señalando al cielo,
con un pie en tierra.

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Haiku #41

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Miro las nubes,
voy buscando la lluvia.
Papel en blanco.


En la ciudad
la gente tiene prisa.
Llega la noche.


El mar palpita,
está vivo y se quiere
quedar la tierra.


El agua quieta
del estanque, algún día
fue ola, fue río.


Viento furioso,
del invierno, portazo 
malhumorado.


Puestos a cortar,
¿es mejor el pescuezo
o son las alas?.


Entre la arena
sutil geometría, 
la caracola.


Grita y cocea,
hooligan del clima,
viento gamberro.


Soñando mundos 
por ver, paso los días.
Me voy a dormir.


Por los colores
con los que pinta el cielo,
perdono al viento.

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Haiku #40

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Tener los pies 
bien firmes en el suelo.
Con eso basta.


Me da su sombra,
mil ramas me cobijan.
Canta cigarra.


Besos salados,
arena de la playa
entre los dedos.


Aun sin limones
sigue dándonos sombra
el limonero.


Levanta el vuelo 
un mirlo de repente.
Canta mi pecho.


El viento trae
entre las hojas, versos
imperceptibles.


Cambian los vientos,
la veleta obedece
con un quejido.


Unos gorriones
beben en el estanque.
El agua tiembla.


Son parecidas 
las hojas de los árboles
son diferentes.


Son diferentes 
las estrellas del cielo
y se parecen.

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Haiku #39

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El espigón,
y los niños chillando,
¡más chapuzones!.


El espigón,
un niño tira piedras,
¡ploc!, suena el agua.


Entre las hojas
que cubren la vereda,
piedras ocultas.


Todos los sueños,
hasta los que soñamos,
son inventados.


Para hacer miel
utilizan las abejas
mis pensamientos.


Me quedo quieto,
no más perseguir sueños,
¡que vengan ellos!. 


Cuando te toco 
mis dedos se derriten
y no eres fuego.


Tras las cortinas,
la ventana y la luna.
Yo me sonrío.


Cuando le guiño 
los ojos al sol no es
para insinuarme.


Al mediodía
el sol tiene en los dedos
las uñas largas.

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Coscarse

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Cogió una flor
mi mano y no se dio 
ni cuenta mi alma.


Sintió una flor
mi alma y no se dio 
cuenta mi mano.

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Haiku #38

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Bosques que un día
cruzaron los océanos,
los grandes buques.


No ven árboles
sino jarcias y mástiles.
Gente de mar.


Hijo del bosque,
hacha de leñador,
mango orgulloso.


¿Qué busca la osa
entre tantas estrellas,
noche tras noche?


Noche estrellada,
y nos habla de mitos,
el firmamento.


Hojas llovidas,
otoño de los árboles.
Tristeza al viento.


Salta la rana,
chapoteo en el agua.
¿Lo oigo o lo pienso?.


Por la ventana
entra una mariposa.
Ha amanecido.


Toda poética:
las flores que son letras,
este poema.


En el estruendo 
habitual de las calles 
no oigo palabras.

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Haiku #37

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Vuela polilla
curiosa, hacia la luz
del candelabro.


Pobres insectos
ingenuos que confunden
sol con bombilla.


Unas palabras
dijeron al papel:
"llama a la tinta".


Las olas rompen
contra el acantilado.
Brisa salada.


Algunas piedras 
no saben estar quietas.
Cantos rodados.


Si desde el campo 
voy hacia la gran ciudad,
¿bajo o subo?.


Vapor del mar,
las nubes en el cielo.
Cae la lluvia.


Saltan las pulgas
entre perros y gatos.
Ya es primavera.


De los honores
que se le rinden, nada 
sabe el difunto


Lluvia que cae 
fue un día mar y nube
torrente y río.

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Recuerdos aromáticos

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Un corazón 
hay tallado en el tronco
del limonero.

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Papel mojado

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Este poema
te lo escribo llorando.
Papel mojado.

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Puertas cerradas

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Suenan campanas
y las puertas del templo
siempre cerradas.

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Olores

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Desde la calle
olor a pan caliente.
Ya estoy despierto.

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Haiku #36

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Una serpiente
se arrastra despreciada
entre barrotes.


El río suena
revuelto y le lleva agua
al pescador.


Un perro ladra
no para de ladrar.
Bosteza el gato.


Retumban truenos,
lejos un perro aúlla.
Toc, toc..., la puerta.


Se cuela el viento
en la casona en ruinas,
Corre un ratón. 


Desaparece 
mi sombra por la noche.
Un peso menos.


Acantilado,
que atractivo su borde.
Tú solo abrázame.


Banda sonora,
gaviotas en el puerto.
Un barco zarpa.


Sobre el muelle
unos peces pescados
miran sin ver.


Un vagabundo
descalzo por la calle.
Se enfrió el café.

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Haiku #35

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Oír tu nombre
en la luz de la música 
y no ver más.


Prestar oídos
al eco de tu nombre
y no oír nada.


Altas estatuas
y palomas cagando:
reyes ungidos.


Mirar las nubes
y que el agua de lluvia
lave mis lágrimas.


Cálidas noches,
jugando al escondite
el grillo canta.


Del eucalipto,
con el último rayo,
negra silueta.


Las hojas verdes
reverberando al sol, 
eterno instante.


Huele a limón.
Casi sin darme cuenta
rompí una rama.


Dando saltitos
sin pensar donde y cuando,
unos gorriones.


Nos abrazamos
y el reloj se paró.
Era temprano.

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Haiku #34

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Mirando al suelo,
ya conozco el camino:
estoy perdido.


Una mirada
entre ruido y empujones:
sigo viviendo.


Cálida brisa,
trae cantos y bálsamos.
Olor del mundo.


Tac, tac..., reloj
resonando en la casa.
Polvo en los libros.


Ya no se mueve
ni una hoja de los árboles.
Está tronando.


Mirar las llamas
sentado junto al fuego,
y oír tu nombre. 


Mirar las olas
desde el acantilado
y oír tu nombre.


Mirar la calle,
abierta la ventana
y oír tu nombre.


Mirar al cielo,
esperando la lluvia
y oír tu nombre.


Mirar al suelo
sin ver ni lo que miro
y oír tu nombre.

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Haiku #33

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Sol en otoño
hundiéndose en el mar,
cae la noche.


En la cuneta
un gato atropellado.
Rugen los coches.


Desde altos árboles
hasta briznas de hierba,
huele a laurel.


Vaho al hablar,
castañetean dientes;
¡sopa caliente!.


Niños chillando
corren entre las flores.
Zumba una abeja.


Casa en silencio,
los niños han crecido.
La mujer duerme.


Cumplidos años
los años no han cumplido:
mi aniversario.


En la distancia,
sentados frente a frente,
en soledad.


Tú y yo en silencio,
nuestras manos muy cerca;
lejos los labios.


Indiferente,
un gato callejero.
Sigo mis pasos.

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Haiku #32

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Se secan rosas,
desolador transito
de flor a tierra.


Se secan flores,
y los pétalos vuelan
del cielo al suelo.


Cientos de hormigas
sobre un escarabajo.
¡Somos comida!.


Cuando retumben 
disparos de salida
salid huyendo.


Entre las páginas
de la Biblia, hojas secas 
de marihuana.


Al temporal
nuestros dioses y santos
nada le importan.


Oídos limpios,
pájaros en la ciudad,
sucias palabras.


Canto de pájaros
para limpiar oídos
de tanto ruido.


Yendo de noche
a noche, vaya día
incomprensible.


Si nos convoca
el sol, no parecemos 
tan diferentes.

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Fin de año

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Llega fin de año
y aún falta el invierno.
Fría belleza.

Llega fin de año
y aún falta el invierno.
Fría pobreza.

Llega fin de año
y aún falta el invierno.
Fría tristeza.

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Rocío

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Rocío en perlas 
alimento del árbol
gracia en la flor.

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Turrón de chocolate

Me duele el estómago. Me acabo de comer la tercera tableta de turrón de chocolate. De esas que tienen una especie de granitos de arroz huecos. Chocolate con leche y azúcar, una enorme cantidad de azúcar, aditivos aparte. No lo he podido evitar. Me encanta. Pero voy a explotar. Cada año es peor. Lo único que me alivia de la angustia navideña es el turrón de chocolate.

En medio de mi malestar me he acordado de que tras la primera comunión, cuando tenia siete u ocho años, el cura que nos daba las clases de religión  en el cole, nos preguntó acerca de que parte de toda la ceremonia del sacramento nos había emocionado más, y por que. Aquel hombre supuestamente santo quería saber con que estampa del acto de recibir por vez primera el cuerpo de Cristo nos íbamos a quedar para el resto de nuestras vidas. Recuerdo que, de manera incomprensible para mi, acabé en el despacho del director. El temible director, bajito, gordinflón y ceñudo, que fumaba puros a todas horas me miraba severo, mientras escuchaba la indignación del cura. Yo había escrito en mi respuesta que mi parte favorita de todo aquel ritual absurdo, de misas interminables, zapatos estrechos y ridículos disfraces de almirante, había sido, sin ninguna duda, el divertido y opíparo, banquete en el restaurante. Lo siento, era la verdad. Incluso me habían dejado beber vino y fumar un cigarrillo.

Debo dos meses de alquiler. Voy a tener problemas legales muy serios dentro de nada, porque con la mierda de sueldo que cobro, es imposible que me ponga al día con las deudas. No tengo ni para comer mañana y ya ni sé a quien pedirle prestado. Mis conocidos salen huyendo en cuanto me ven. Debe ser el espíritu navideño. Me quedaban veinte euros y me he gastado quince en las malditas tabletas de turrón. El nivel de angustia se me había disparado. ¡Uf, que dolor!.

No tenia que haber comido tres tabletas de una sentada. Ahora me siento fatal. Pero ¿como evitarlo?, después de tantos anuncios en la tele. Que si turrón turrón, que si del año 1800 y no se cuantos, que si vuelve a casa por Navidad, que si del lobo o de picar; que si de Jijona, de yema, del duro, del blando y sobre todo, el más irresistible, el peor de todos, el de chocolate con pelotitas de arroz. Después de todas esas luces eléctricas parpadeantes colgadas de los pobres árboles; todos esos papas noeles famélicos, elfos, renos, reyes majaderos, camellos y pajes de mentira; de tanta gente cargada con paquetes y bolsas; tantos niños impacientes e impertinentes; tanta nieve de porexpan; tanto villancico estridente... Después de tanto verde y tanto rojo y tanto plateado y tanto dorado... Dorado como el envoltorio de mi turrón favorito que ahora yace arrugado a mi lado en el sofá. Arrugado como la ropa de mi cama, desecha desde que ella se fue...

Me duele el estómago y ya vuelve la angustia.


Lunas

o () o

La luna llena,
el ombligo del cielo.
Desnudémonos.


Brisa de plata,
en verano la luna
nos abanica.


Mis blancas flores
mil añicos de luna
sobre tu campo.


Luz de la luna, 
del teatro de sueños
las candilejas.


Huésped de sol
luz que vive en la sombra
bajo la luna.


Luna redonda
y yo, toda la noche,
vueltas y vueltas.



Noche de frío,
la luna se refleja
en mis papeles.



Sobre las aguas
tranquilas, por la noche
nada la luna.

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Greguerías en 5-7-5

o () o

Hansel & Gretel, 
el cuento favorito
de los dentistas.


Son las cebollas
obra de un hortelano
que estaba triste.



Los nidos son
las hojas adoptivas
de ciertos árboles.

o () o

Llamadas

o () o

Llama la lluvia
a su fiel compañero,
el frío invierno.

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Viento de otoño

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Ingenuo el viento  
quiere traer de vuelta 
hojas caídas.


Viento de otoño
barrendero de estíos
y de recuerdos.

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Anochece

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Todavía azul,
estrellas juguetonas
salen al patio.


Últimas luces
sepultadas, el ocaso,
luto del día.


Noche cerrada,
cubierta de estrellas 
indiferentes.


Luna creciente
maestra de poetas
verso brillante.

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Andar

o () o

Andar mirando 
las estrellas, buen modo
de romper piernas.


Andar mirando 
las flores, buena forma
de torcer cuellos.

o () o

Este es un blog de poemas, pero para despistados. Si has caído aquí será porque ibas mirando las estrellas o las musarañas. Por despiste este blog está escrito en el idioma de otra galaxia. Y es que métrica aquí hay poca. En realidad es prosa de párrafos breves lo que hay. Suspiros, aullidos y algún jadeo. Son cincuenta años de palabras que se me han clavado como los pinchos de una chumbera y su picor me desespera. Palabras desencadenadas, enlazadas, entrecruzadas, hasta inventadas. Este blog es una acción que no sigue lo que es correcto, acertado o verdadero. Un error.
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