Evocación de una invocación

Amarte fue esperar.
Esperar a que vinieses.
Esperar que no te fueses.
Esperar que volvieses.
Fue una invocación.
En equilibrio
desde lo alto de un muro
vigilaba la calle
y te veía en todas las mujeres.
Todas eran tú.
Y tú no eras ninguna.
Esperar por la mañana,
después de esperarte toda la noche.
Esperar para que no pasara nada.
Esperar hasta desesperar.
Por eso hoy,
en las colas de la burocracia,
en la parada del bus,
en el dentista
o en la panadería,
nunca tengo prisa
y dejo que los demás se cuelen.
Para poder evocar el amor.

Este es un blog de poemas, pero para despistados. Si has caído aquí será porque ibas mirando las estrellas o las musarañas. Por despiste este blog está escrito en el idioma de otra galaxia. Y es que métrica aquí hay poca. En realidad es prosa de párrafos breves lo que hay. Suspiros, aullidos y algún jadeo. Son cincuenta años de palabras que se me han clavado como los pinchos de una chumbera y su picor me desespera. Palabras desencadenadas, enlazadas, entrecruzadas, hasta inventadas. Este blog es una acción que no sigue lo que es correcto, acertado o verdadero. Un error.
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