Suicidio fallido

Estuve quemando documentos, durante días. Facturas, contratos, recibos, sentencias, informes, títulos, apuntes, cartas. Tus cartas. Todo al fuego. Calor, humo y ceniza. Llamaradas efímeras. Ardieron cincuenta años de papeles acumulados. La arqueología burocrática de una vida. La genealogía de nuestro amor. Me sentía más ligero a medida que ardían. Aliviado. Liberado. Pero, cuando llegó el momento, no pude quemar mi partida de nacimiento. Acobardado, no fui capaz.

Este es un blog de poemas, pero para despistados. Si has caído aquí será porque ibas mirando las estrellas o las musarañas. Por despiste este blog está escrito en el idioma de otra galaxia. Y es que métrica aquí hay poca. En realidad es prosa de párrafos breves lo que hay. Suspiros, aullidos y algún jadeo. Son cincuenta años de palabras que se me han clavado como los pinchos de una chumbera y su picor me desespera. Palabras desencadenadas, enlazadas, entrecruzadas, hasta inventadas. Este blog es una acción que no sigue lo que es correcto, acertado o verdadero. Un error.
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