Deliciosa fantasía de queso
para devorar con ojos golosos;
sueños de harina y nata luminosos
de un ratoncillo curioso y travieso.
Alguno dirá: a otro con ese hueso
y no nos pongamos tan fabulosos
que los mitos siempre son peligrosos,
se trata de un satélite de yeso.
Por mi parte no entraré en discusiones,
con una copa de vino en la mano
y al claro de la Luna me relajo;
a mi, me valen todas las versiones
que a verdad me suena todo lo humano
y ella va por lo alto y yo, por abajo.