El reloj de sol lo inventó un relojero perezoso, durante el Neolítico, cansado como estaba de dar cuerda y desatascar los enormes engranajes de los mecanismos megalíticos que se usaban para medir las horas.
—Se acabó, —dijo. Clavando un palo en el suelo dejó que el astro rey hiciera el resto, —¿lo veis?, es la hora de la la siesta, —y se fue a echar a la sombra de una higuera.
<><><><><><><><><><><><><> Toda poesía es un error del sistema <><><><><><><><><><><><><>
Este es un blog de poemas, pero para despistados. Si has caído aquí será porque ibas mirando las estrellas o las musarañas. Por despiste este blog está escrito en el idioma de otra galaxia. Y es que métrica aquí hay poca. En realidad es prosa de párrafos breves lo que hay. Suspiros, aullidos y algún jadeo. Son cincuenta años de palabras que se me han clavado como los pinchos de una chumbera y su picor me desespera. Palabras desencadenadas, enlazadas, entrecruzadas, hasta inventadas. Este blog es una acción que no sigue lo que es correcto, acertado o verdadero. Un error.<><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><>