Watson tiró la lupa a la basura porque el bueno de Holmes de tanto intentar encontrarle solución a los enigmas, mirando a través del maldito instrumento óptico, no hacia más que magnificar los problemas y, a base de ataques de pánico, cayó en una profunda depresión que solo fue capaz de tratar consumiendo drogas y garrapateando su horrible violín mientras se paseaba por la casa vestido únicamente con un ridículo gorro de cuadros y dos viseras.
Una pesadilla, oye.