infinitas maneras.
Pero ¡ay! todas hacen el mismo daño.
Los propietarios del dolor
lo administran con generosidad.
Oprimen vidas ajenas.
O es como ellos dicen o dices mal.
Discriminan sus bienes
entre sus propias maldades.
O estás con ellos o no estás.
El dolor enriquece a quien lo inflige,
y es gratuito para quien lo padece.
Me dicen: "vigila donde pisas".
Ten cuidado de a quien pisas, les digo.