Yo no dejo de pensar

Cuando nos plegamos nos doblegan.
Si nos amoldamos nos encajonan.
Cuando nos amansamos nos acallan.
Si nos resignamos nos sacrifican.
Cuando pensamos que no hace falta cambiar las cosas
o creemos que no se pueden cambiar las cosas,
entonces dejamos de pensar,
nos conformamos y aquietamos.
Pero creer no es pensar.

Yo no dejo de pensar.
Pienso en quien me quiere quieto.
En quien lo hace todo para que no podamos ni pensar.
En quien legisla o instruye sobre como pensar o en qué pensar.
Pensad que pensar es una actividad.
Es imposible pensar que no hay nada que hacer.
Quien piense que no se puede hacer nada está pensando.
Existe, eso sí, la inacción.
Existe quien no piensa y por eso no hace nada.
Sin confianza en que las cosas se arreglan pensando.
Y existe quien lo hace todo sin pensar.
Por ejemplo, amamos sin pensar,
pero amamos porque aún se puede hacer algo.

Yo no dejo de pensar.
Pienso en ti, sé que lo hago.
Que nadie me diga que no hay nada que hacer
mientras yo te pueda pensar.


Este es un blog de poemas, pero para despistados. Si has caído aquí será porque ibas mirando las estrellas o las musarañas. Por despiste este blog está escrito en el idioma de otra galaxia. Y es que métrica aquí hay poca. En realidad es prosa de párrafos breves lo que hay. Suspiros, aullidos y algún jadeo. Son cincuenta años de palabras que se me han clavado como los pinchos de una chumbera y su picor me desespera. Palabras desencadenadas, enlazadas, entrecruzadas, hasta inventadas. Este blog es una acción que no sigue lo que es correcto, acertado o verdadero. Un error.
<><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><>