«Yo soy el primero que ha descubierto la verdad,
debido a que he sido el primero en sentir,
en oler, la mentira como mentira ...
en oler, la mentira como mentira ...
Mi genio está en mi nariz ... »
Friedrich Nietzsche, Crepúsculo de los ídolos.
A qué huele la vida nadie lo sabe,
pero no hay duda de que la vida huele.
Aunque la muerte apesta tanto como duele
un mundo sin olores es mejor que se acabe.
Por vuestra sensibilidad gracias narices.
Por la nariz se observan seres y cosas,
cuerpos y carnes, no solo nubes y rosas,
es un conocimiento fuente de matices.
Nada tienen de engañoso los sentidos
ni es superficial y fugaz el olfato,
al que se tiene por degradante e ingrato,
el último en la jerarquía de los reconocidos.
Se consideran objetivos, el tacto, el oído y la vista
para la ciencia, más fiables y comprensibles.
Al olfato y al gusto se los tiene por falibles,
están por debajo según piensa el racionalista
Para muchos que husmean estirados
el otro es el sospechoso que huele mal.
Olvidan o ignoran que la vida es animal,
creen que existen ángeles descarnados
Oler es tanto percibir como despedir olores.
El perfume penetra y llega al corazón
y decide entre odiar o amar sin razón,
apreciar o despreciar, atraer o rechazar amores.
Caos anterior a la civilización, el olor es desordenado,
seguimos siendo magnificas bestias aturdidas.
Aunque las tendencias instintivas sean reprimidas,
por la nariz cae en la excitación el civilizado.
El olor es jovial no se avergüenza de si mismo.
Goce que no desconfía de la vida.
Voluptuosidad que no la hace desabrida.
La vida huele como el placer, como el erotismo.