Emociones y sentimientos

Una cosa es lo que siento, otra como me siento (y no me refiero a cuando apoyo las posaderas en una silla). Por ejemplo, Respecto a mi país/patria/nación/lugar de nacimiento, no me siento nada, y muchas veces siento mucha vergüenza propia y ajena. Ser de aquí o de allí, en el sentido de haber nacido, de vivir o de trabajar, me resulta indiferente. No siento orgullo de pertenencia, no me emocionan las banderas, ni los himnos, ni la historia. Lo siento mucho, pero no me siento de ninguna parte. Tengo sentimientos sí, pero suelen ser producto de las emociones que me provocan las personas que me quieren y a las que quiero. Incluso puedo sentir por personas a las que no conozco. Me siento, además, parte de un nosotros por el que siento de verdad. No soy de un lugar hipotético o utópico que se llame "como me siento", ni me siento de donde soy o de donde estoy. Siento, eso sí. ira, asco, vergüenza, alegría, tristeza, miedo y sorpresa. Me alegra el sol y, por suerte en mi país luce el sol a menudo. Pero no me alegra mi país, ni creo que sea mejor que el país donde siempre está nublado. Me alegra mi idioma, con él me comunico y escribo poemas, pero no creo que sea mejor que cualquier otro que pudiera haber aprendido. Todos los idiomas son fascinantes y todos sirven para comunicarse y para cantar. Hablar idiomas distintos no nos incapacita para hablar. Que yo hable un idioma no quiere decir que odie a todas las demás lenguas. Ni convierte la mía en normal y las otras en anormales. Usar la lengua materna no es un acto de nacionalismo, es un acto de comunicación. No se busca la incomprensión al usar una lengua, ni se busca una subvención, ni se pretende la exclusión o la imposición. Todas las lenguas son para entenderse. No las hay mejores ni peores, sí acaso más o menos difíciles y más o menos utilizadas. Ya sabemos que las emociones y los sentimientos se pueden manipular, que la educación es un poderoso instrumento al servicio de los intereses creados, pero no todas las emociones son iguales, las hay sinceras. No todos los sentimientos son producto de la manipulación. Y, sin embargo, todas las manipulaciones son igual de nefastas. Al comparar, establecemos diferencias; es mucho más práctico enumerar, relatar, igualar y acumular conocimiento. Tener sentimientos es humano y confundir ser con tener, un error frecuente. Por eso, sentirse tal o cual cosa y, que "tal" es mejor que "cual", nos aleja de los sentimientos y nos mete de hocicos en las emociones. Para calmar las emociones, las que nos provocan las manipulaciones, lo mejor es pararse a respirar con calma, abrir bien los ojos y escuchar para construir sentimientos a partir de lo que sentimos. Por ejemplo, mi vecino es diferente pero no por eso es peor que yo. Tanta, o tan poca, gloria hay en su historia como en la mía. Tan vistosa, o tan poco, es su bandera como la mía. Los símbolos son eso, símbolos a los que les atribuimos un sentido. Lo que entra en conflicto es el sentido que le atribuimos al símbolo. Si mi bandera significa libertad, lo puede significar también la de mi vecino. Si, atacando su libertad, tapo su bandera con la mía solo quedará una; si cuelgo mi bandera junto a la suya, tendremos libertad por duplicado. No es tan difícil. La libertad, la paz y el amor universal no son un patrimonio exclusivo. Todas las banderas significan cosas muy parecidas, para bien y para mal. Si me envuelvo en una bandera para celebrar un triunfo, lo que celebro es mi talento o mi éxito, no lo que significa la bandera. Si mi equipo favorito ha ganado un campeonato, no lo ha ganado ningún país, lo ha ganado un equipo. Algo parecido ocurre con las fronteras. No hay ninguna fuerza política en las naciones que propugne el desmantelamiento de las fronteras y, a pesar de ello esos mismos políticos se niegan rotundamente a reconocer las fronteras de quien se quiere segregar. Por negar niegan incluso su derecho de autodeterminación. Lo cierto es que las fronteras pueden servir tanto para evitar la entrada de personas como para impedir su salida. Por ejemplo los españoles deploran, en base al sentir de los ciudadanos, la frontera Gibraltareña, con la misma energía con la que defienden, en base al sentir de los ciudadanos, la de Ceuta o la de Melilla. Los nacionalismos, como las fronteras, son problemas de dos caras. Las personas no pueden ser un problema cuando vienen de allí y una cosa muy hermosa cuando nacen aquí. Los nacionalismos no pueden ser un delito para unos y un derecho para otros. Ser de un lugar, o de otro, es algo natural, obvio. Sentirse de un país o de otro es el resultado de un exceso de información tergiversada. El nacionalismo es una ideología totalitaria trasnochada, en ningún caso es una naturaleza, un orgullo, ni un privilegio o el milagro de un dios casero. No se puede odiar a nadie por que piense que es distinto, ni siquiera por que se crea superior, sin caer en el mismo estúpido error. No se pueden tener sentimientos que no nazcan de las emociones, ni son buenas las emociones que nacen de los sentimientos que se nos imponen, por el medio que sea. Sentid, no os sintáis.

Este es un blog de poemas, pero para despistados. Si has caído aquí será porque ibas mirando las estrellas o las musarañas. Por despiste este blog está escrito en el idioma de otra galaxia. Y es que métrica aquí hay poca. En realidad es prosa de párrafos breves lo que hay. Suspiros, aullidos y algún jadeo. Son cincuenta años de palabras que se me han clavado como los pinchos de una chumbera y su picor me desespera. Palabras desencadenadas, enlazadas, entrecruzadas, hasta inventadas. Este blog es una acción que no sigue lo que es correcto, acertado o verdadero. Un error.
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