Drogas y alcohol

a mi amigo Manolo

Poderoso hechizo
contra la lucidez,
más frío que el amor,
más líquido todavía.
Combustible
para las quimeras,
que en sus generosas fantasías
disuelve los muros
de la intimidad.

En los bares del aburrimiento
donde mueren de tedio
los bebedores,
a veces, alguno se rebela
contra su propia soledad
y da un golpe en la mesa,
un grito incoherente.
Intenta salir de sí mismo
hacia el mundo exterior,
saltar la mortífera valla del yo
para unirse con el otro,
intenta alcanzar paz,
y no parecer un borracho.

Quiere salir del exilio,
y solo consigue salir del local
en ingrávidas volandas,
aislado por dentro
y exiliado hacia fuera.
Los demás lo miran
sin inmutarse,
no defienden su gesto
aunque en realidad
todos lo llevan dentro.

La indiferencia
no le castiga,
sigue solo,
sigue torturado,
pero se siente más valiente.
La próxima vez
el grito será más potente,
quizá romperá alguna cosa,
en fin, será más coherente.

El menosprecio al rebelde
a todos nos castiga,
la misma sangre
nos recorre por dentro.
Entendiendo sus mensajes
y sus intentos de libertad,
como torpezas o debilidades,
seguiremos incomunicados,
retrocedemos paso a paso,
condenados a la esclavitud.

Entre la ficción del amor
y la brutal soledad,
en su tic tac
hacia la muerte,
se pierde
la vida de verdad.

Este es un blog de poemas, pero para despistados. Si has caído aquí será porque ibas mirando las estrellas o las musarañas. Por despiste este blog está escrito en el idioma de otra galaxia. Y es que métrica aquí hay poca. En realidad es prosa de párrafos breves lo que hay. Suspiros, aullidos y algún jadeo. Son cincuenta años de palabras que se me han clavado como los pinchos de una chumbera y su picor me desespera. Palabras desencadenadas, enlazadas, entrecruzadas, hasta inventadas. Este blog es una acción que no sigue lo que es correcto, acertado o verdadero. Un error.
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