El aparcamiento

Se fue una parte de mi juventud
cuando convirtieron
el viejo edificio de mi colegio
en un aparcamiento.

En aquellas aulas estrechas,
donde dejé morir tantos años,
profesores desalmados
simularon enseñarme,
por conseguir un estipendio,
todo lo que podía haber aprendido
en cualquier otra parte.

Entre tanta tontería,
para ser honesto conmigo,
debo reconocer que aprendí.
El resto de mi vida
se alza sobre lo que aprendí allí
por eso, cuando convirtieron
el viejo edificio de mi colegió
en un aparcamiento,
se fue una parte de mi.

Allí aprendí a renunciar
–porque a renunciar se aprende–
al mundo oficial,
ese complicado mecanismo
concebido para incordiarme,
un mundo con ejércitos,
con iglesias y bancos de crédito,
con políticos e intelectuales.
No sería ni soldado, ni sacerdote.
ni banquero ni empresario,
me juramenté
para no ser funcionario.

Aprendí a renegar del fútbol
y de la música deshonesta,
de las clases de religión
de los sermones de la dirección
Aprendí a fumar tabaco
y a fumar hachís
a beber cervezas.
Y que las chicas
que me gustaban
nunca me iban ha bailar.
Aprendí a despreciar la culpa
y a dominar la desilusión.

En aquel edificio sin gracia
me convertí en una sombra
que no pesa y no deja huella,
aprendí a pasar desapercibido
para poder sobrevivir
en las refriegas del patio
y ante las frustraciones
de los mayores.

Pero sobre todo
aprendí a leer
fui un lector intrépido
lo leía todo,
desde los clásicos
a los best sellers de moda.
Los libros me salvaron
del desencanto
y me dieron algo
a lo que agarrarme.

Por los libros decidí
que no quería ser escritor
–demasiado trabajo–
por lo que me convertí en poeta,
aunque entonces yo no lo sabía,
en aspirante a borracho
y eso sí lo sabía.

Durante años aquel edificio
estuvo abandonado
después fue casa okupa
y por fin sucumbió
a la norma de la especulación
y lo convirtieron en aparcamiento.

Se fue una parte de mi juventud,
pero que hayan convertido
mi colegio en un aparcamiento
no lo siento como una perdida,
no soy yo el derrotado;
nunca aprendí a conducir
ni he tenido un coche que aparcar.
La juventud se va con las cosas
porque se tiene que ir,
mejor que se vaya
andando despacito.

Este es un blog de poemas, pero para despistados. Si has caído aquí será porque ibas mirando las estrellas o las musarañas. Por despiste este blog está escrito en el idioma de otra galaxia. Y es que métrica aquí hay poca. En realidad es prosa de párrafos breves lo que hay. Suspiros, aullidos y algún jadeo. Son cincuenta años de palabras que se me han clavado como los pinchos de una chumbera y su picor me desespera. Palabras desencadenadas, enlazadas, entrecruzadas, hasta inventadas. Este blog es una acción que no sigue lo que es correcto, acertado o verdadero. Un error.
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