Persianas

Por las persianas
de mi dormitorio
pasa la vida,
como pasan los días,
entrando y saliendo
sin cesar.

Por las persianas
de mi dormitorio
entran:
las campanadas de la iglesia,
los arrullos de las palomas,
el aleteo de los vencejos,
el canto lejano de los gallos,
y la cháchara de las vecinas
los quejidos y lamentaciones
de sus vidas sin sombra
e interminable sustancia.
Entra el polvo de la calle,
el humo de los coches
y el sol a renglones.
El olor de la lluvia,
la radio del vecino
y el camión de la basura,
la brisa fresca de la madrugada,
el calor agobiante de la noche,
Entra la canción del borracho
o su lamento,
el rugido de un avión,
el llanto de un niño,
el ladrido de un perro,
el maullido de un gato.
Entran moscas y mosquitos,
olor a leña y a sardinas,
el chunda chunda de la verbena
y el estrépito del botellón.
Los portazos
del incesante entrar y salir.

Por las persianas
de mi dormitorio,
de vez en cuando,
sale:
algún gemido
de placer.
Se escapa y se esparce
como un pellizco de sal
que se diluye
sobre las calles
de la vida cotidiana.

Este es un blog de poemas, pero para despistados. Si has caído aquí será porque ibas mirando las estrellas o las musarañas. Por despiste este blog está escrito en el idioma de otra galaxia. Y es que métrica aquí hay poca. En realidad es prosa de párrafos breves lo que hay. Suspiros, aullidos y algún jadeo. Son cincuenta años de palabras que se me han clavado como los pinchos de una chumbera y su picor me desespera. Palabras desencadenadas, enlazadas, entrecruzadas, hasta inventadas. Este blog es una acción que no sigue lo que es correcto, acertado o verdadero. Un error.
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