La postal que no llega

En los tiempos en que se escribían cartas con tinta sobre papel, se franqueaban con sellos, se enviaban en sobres mediante carteros y a través de las oficinas de correos, un obstinado niño de siete años miraba a diario en el buzón de la entrada de su casa. Durante meses esperó un envío que no llegaba. Incluso desde que supo con certeza que aquello era imposible; incluso de mayor, ya en la era de los whatsapps, alguna que otra vez miraba de reojo el buzón lleno de publicidad y telarañas. Aquel niño quería a su abuelo, a pesar de la antipatía y el fingido desapego de este hacia todo y hacia todos, le quería. Antes de desaparecer para siempre de su vida y pasar a habitar sus recuerdos, aquel viejo socarrón, le aseguró a su nieto que en cuanto llegase a donde fuera que se llega después de morir, le enviaría una postal.

Este es un blog de poemas, pero para despistados. Si has caído aquí será porque ibas mirando las estrellas o las musarañas. Por despiste este blog está escrito en el idioma de otra galaxia. Y es que métrica aquí hay poca. En realidad es prosa de párrafos breves lo que hay. Suspiros, aullidos y algún jadeo. Son cincuenta años de palabras que se me han clavado como los pinchos de una chumbera y su picor me desespera. Palabras desencadenadas, enlazadas, entrecruzadas, hasta inventadas. Este blog es una acción que no sigue lo que es correcto, acertado o verdadero. Un error.
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