El pastel de nata

El mar en calma en una tarde apacible. Sobre la cubierta conversan, en plácida tertulia, armador, patrón y marinero. Junto a su yate, amarrado en el mismo pantalán, un llaüt, una embarcación tradicional del Mediterráneo, de madera, pequeña, pero muy marinera.
—¿Si tuvieseis esa barquita qué haríais con ella? —pregunta, señalando distraído, el armador.
—Saldría a pescar cada día —contesta el patrón sin pensarlo.
—Yo iría a navegar para conocer la costa y, quizá, otras islas —dice dubitativo, el joven marinero.
—Pues yo le acondicionaría unos asientos y pondría un cartel en el muelle ofreciendo visitas al puerto a los turistas por un precio.
Al cabo de un rato, fijándose en las gaviotas que revolotean a su alrededor, el armador vuelve a preguntar.
—¿A vosotros qué animal os gustaría ser?.
—Yo quisiera ser un águila pescadora, para volar en libertad —dice el patrón.
—A mi, me gustaría ser un delfín y surcar el mar —se ilusiona el marinero.
Después de un intrigante silencio, interviene el armador.
—Pues yo sería un moscardón para tirarme de cabeza en un pastel de nata —dice y ríe satisfecho entre dientes.

Este es un blog de poemas, pero para despistados. Si has caído aquí será porque ibas mirando las estrellas o las musarañas. Por despiste este blog está escrito en el idioma de otra galaxia. Y es que métrica aquí hay poca. En realidad es prosa de párrafos breves lo que hay. Suspiros, aullidos y algún jadeo. Son cincuenta años de palabras que se me han clavado como los pinchos de una chumbera y su picor me desespera. Palabras desencadenadas, enlazadas, entrecruzadas, hasta inventadas. Este blog es una acción que no sigue lo que es correcto, acertado o verdadero. Un error.
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