Sueños mitológicos

La gente, mucha gente, tuvo una revelación. Fue una revelación colectiva. En los barrios, en los lugares de trabajo se extendió una sensación radical de cambio. Millones de personas se sentían implicadas. Muchos entablaron diálogos públicos y abiertos. Las protestas contra los abusos de autoridad eran secundadas de manera espontánea por multitudes. Las situaciones más nimias se radicalizaban, se revolucionaban. La gente empezó a tomar iniciativas nuevas. Las viejas convicciones y creencias se cuestionaban y la farsa de lo cotidiano se desenmascaró. Cayeron los anticuados mitos antiguos. Al mismo tiempo, muchos se preguntaban por el sentido y la función de sus existencias. La autoridad se veía como algo ridículo, cómico y patético. Se dejaron de obedecer ordenes y de respetar prohibiciones. Empezó la colaboración pública para resolver los problemas particulares de las personas. Los problemas sociales y políticos dejaron de ser algo ajeno para convertirse en cuestiones prácticas de interés inmediato. En poco tiempo, apareció el espíritu critico capaz de poner en duda lo establecido por la norma. Ya no querían seguir soportando lo mismo que antes. Sátira y liberación, todo era posible. No estaba claro el final de todo aquello, pero estaba claro que valía la pena. Tras varios días de huelga se calmó el frenesí absurdo de las ciudades. El paseo sustituyó a las prisas, en las calles unos hablaban con otros, hacían propuestas. La pasividad se convirtió en excitación y actividad. Muchos dejaban de mirar, empezaban a actuar y...

De repente suena un horroroso graznido estridente. Todo se diluye en el sobresalto. Las detestables hijas de Cronos, Furias furiosas defensoras del orden; el despreciable Grifo protector del tesoro; Etón, aguilucho comehígados del Cáucaso; el pedrusco de Sísifo rodando colina abajo; el trueno indignado del mismisimo Zeus; el Arcángel maldito de flamígera espada. Es el despertador, que implacable me recuerda: «¡son las siete!, ¡tienes que ir a trabajar!, ¡son las siete!, ¡tienes que ir a trabajar!»...

Este es un blog de poemas, pero para despistados. Si has caído aquí será porque ibas mirando las estrellas o las musarañas. Por despiste este blog está escrito en el idioma de otra galaxia. Y es que métrica aquí hay poca. En realidad es prosa de párrafos breves lo que hay. Suspiros, aullidos y algún jadeo. Son cincuenta años de palabras que se me han clavado como los pinchos de una chumbera y su picor me desespera. Palabras desencadenadas, enlazadas, entrecruzadas, hasta inventadas. Este blog es una acción que no sigue lo que es correcto, acertado o verdadero. Un error.
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