No quiero lluvia

soy un desierto
y si la lluvia es el amor
la sequía es el odio
de nada me sirve que lluevas
ya me cansé de esperar
de beber cada gota con fruición
de invocarte en cada estación
de sequía en sequía
fui perdiendo la vegetación
la vida se me marchó
aquí nada crece y menos aún florece
la tierra tanto se me rompió
que ahora solo es polvo
polvo con el que juega el viento
no solo estoy seco y polvoriento
soy impermeable
porque tu agua me resbala
soy un maldito desierto
de nada me sirven tus pozos
tus oasis o tus espejismos
ya no estoy sediento
porque el agua
maldita la hora
en cuanto me toca se evapora
soy un desierto de tormentos
de calcinadas arenas tormentas
de estrelladas noches frías como la muerte
al sol le entregué mis días ardientes
soy un desierto grande e inerte
vacío de espíritus y de gentes
lleno de soledades y silencios
sin horizontes
sin agua
sin sequías
sin esperanzas y sin reproches
no tú no tienes la culpa
como las lágrimas
las culpas son de aguas y sequías
los desiertos no son culpa de nadie
ocurren
son fenómenos geológicos
o climáticos o ecológicos o psíquicos
o yo que sé
búscalo en internet
si de verdad quieres saberlo
aunque ¿para qué?
tú vienes del mar
de las nieves y de los ríos
del cielo y de las nubes
tú eres la lluvia
y yo
yo ya lo sabes
soy un desierto

Este es un blog de poemas, pero para despistados. Si has caído aquí será porque ibas mirando las estrellas o las musarañas. Por despiste este blog está escrito en el idioma de otra galaxia. Y es que métrica aquí hay poca. En realidad es prosa de párrafos breves lo que hay. Suspiros, aullidos y algún jadeo. Son cincuenta años de palabras que se me han clavado como los pinchos de una chumbera y su picor me desespera. Palabras desencadenadas, enlazadas, entrecruzadas, hasta inventadas. Este blog es una acción que no sigue lo que es correcto, acertado o verdadero. Un error.
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