A llorar de humanidad aprendí
con los horrores agazapados en el desván del abuelo.
La ingenuidad y la inocencia las perdí
con el pasado escondido en el armario de mi padre.
Tanta vergüenza calla en mi sótano
que mis hijos abominarán de mí.
Qué triste nuestra historia
cumulo de desastres polvorientos
a quemar para calentarse
en el frío oscuro del porvenir.