Tenía claro lo de la Luna

A sus casi ochenta años había vivido tres guerras y cuatro hambrunas. Aprendió de niño a cultivar lo que comía, levantó un hogar con sus propias manos y crió tres hijos. Nunca quiso ser el primero en nada, pero tampoco el último. Nunca estiró más el brazo que la manga y si tenía diez no gastaba once. 
El día que sus nietos, alborotados, le dieron la noticia de la llegada del hombre a la Luna exclamó: "¡a la Luna!, ¿para qué?".  

Este es un blog de poemas, pero para despistados. Si has caído aquí será porque ibas mirando las estrellas o las musarañas. Por despiste este blog está escrito en el idioma de otra galaxia. Y es que métrica aquí hay poca. En realidad es prosa de párrafos breves lo que hay. Suspiros, aullidos y algún jadeo. Son cincuenta años de palabras que se me han clavado como los pinchos de una chumbera y su picor me desespera. Palabras desencadenadas, enlazadas, entrecruzadas, hasta inventadas. Este blog es una acción que no sigue lo que es correcto, acertado o verdadero. Un error.
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