mi padre me dijo
infinidad de veces
los hombres no lloran
yo era propenso al llanto
a él eso le irritaba
los hombres no lloran
sentenciaba abrupto
para atajar mi llorera
tanto me lo dijo y me lo dijo
que tonto de mí le creí
le creí porque era mi padre
como podía no creerle
para comenzar creí
que yo era un hombre
luego creí
que los hombres no lloran
así empecé que remedio
a tragarme las lágrimas
que seguían brotando
a pesar de mi padre
a pesar mío
tragué lágrimas infantiles
se podrían contar por miles
de primera comunión
de colegio y de callejón
de daños y dolores
de miedos y temores
las guardaba
en el deposito de las lágrimas
dentro no sé donde
pero claro
un día llegó el día
tenía que llegar
ese día terrible
aquel día
ese día
en que por primera vez
me rompieron el corazón
me lo machacaron
lo patearon sin compasión
lo arrastraron por el barro
y lo arrojaron a un pozo
me faltó poco
para morir ahogado
en un océano salado
mi deposito se rompió
se me desbordaron
todas las lágrimas
las acumuladas y las nuevas
hubo una inundación tan grande
un diluvio tan universal
que la tierra a mi alrededor
tardó años en secarse
comprendí
en aquel trance casi mortal
que entre los tontos
el más tonto era mi padre
comprendí
que yo no era un hombre
no de esa clase
y que los hombres lloran
lloran intenso y abundante
cuando se les rompe el corazón
en la cama
en la calle
en el cine
en el trabajo
en los brazos de su amanteen las zarpas de la soledad
lloran de día y de noche
cuando se les muere el perro
y no tienen con quien hablar
lloran con motivo y sin motivo
lloran tanto por tantas cosas que lloran
hasta cuando se muere su padre
ese hombre que nunca lloró
porque según él
los hombres no lloran